Preguntas incómodas

Me encontraba paseando a mis perros en la noche. Era tarde y ya casi no quedaba gente por la calle, así que iba muy tranquila. No pensaba nada en particular, sólo iba contemplando la luna, que esa noche era especialmente grande. Era casi luna llena y el cielo estaba prácticamente despejado. La luna brillaba intensamente y yo no podía dejar de mirarla.

Siempre miro al cielo cuando salgo de noche. No lo hago a propósito, no es un ritual. Pero siento fascinación por el cielo nocturno. Lamentablemente, en una gran ciudad apenas puedes distinguir estrellas en el cielo pero yo siempre lo repaso, como si buscase alguna estrella nueva por descubrir. También busco las estrellas que ya conozco. La constelación de Orión siempre la localizo, sobretodo el cinturón porque esas tres estrellas brillan excepcionalmente. La osa mayor también la busco, pero no siempre llego a distinguirla. Estos días la he podido ver un par de veces, es enorme.

Miraba las copas de los árboles. La luz de la luna se reflejaba a contraluz a través de las hojas y a causa de esto las hojas se veían azules, casi del mismo tono que el cielo. Los bordes se difuminaban y se fusionaban las hojas con el cielo nocturno. Era una imagen muy bonita.

En ese momento me vino a la cabeza una pregunta: ¿Alguna vez, al irte a limpiar después de hacer de vientre, sin querer te has manchado la mano porque no has calculado bien?

Me quedé perpleja de que semejante pregunta me viniese a la cabeza justo en ese momento. Por dentro, le eché la bronca a mi mente (¿¿pero porqué me interrumpes así??); por fuera, no podía evitar que se me escapase la risa.

Yo no sé cómo funciona la mente de los demás, pero la mía es así. Puedo estar haciendo cualquier cosa que mi cabeza me distraerá con cualquier chorrada que no tiene nada que ver. Es como otro yo que me acompaña y que va comentando lo primero que se le ocurre, sin filtros. Consciencia creo que la llaman.

Casi siempre es muy divertido, aunque a veces puede convertirse en tu peor enemigo. El equilibrio lo encontrarás cuando sepas distinguir cuándo le tienes que hacer caso y cuando no. Es más complicado de lo que parece.

Tengo la teoría de que la consciencia es nuestro yo más puro. Somos en esencia lo que dice nuestra consciencia en cada momento, pero por el bien de la sociedad y la civilización, debemos acallar una parte de ella y no hacerle caso o hacer todo lo contrario a lo que nos diga. Creo que en caso contrario, estaríamos todos dándonos de hos**** día sí y día también. Es nuestro lado más animal. Puro primitivismo.

Me hace preguntarme si la consciencia fue el precursor de la sociedad, o es la sociedad la que creó la consciencia. ¿Tienen los animales consciencia? Creo que los animales sociales sí la tienen, como los mamíferos. Algunas aves, reptiles, animales marinos o cualquier animal que no viva en sociedad tengo mis dudas de que la tengan. Pero esto no resuelve la duda.

En fin, a veces me maravillo con lo que mi mente saca a relucir. Ya que ha salido la pregunta, esta vez voy a hacerle caso y os lo voy a preguntar a vosotros: ¿Alguna vez, al irte a limpiar después de hacer de vientre, sin querer te has manchado la mano porque no has calculado bien? Sed valientes y dadme una respuesta.

Me encanta hacer preguntas incómodas…

 

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3 comentarios en “Preguntas incómodas

  1. Si mirar la luna llena, las estrellas y su luz entre las hojas de los árboles hace que pienses eso…no quiero imaginar qué pensarías si contemplases un vertedero o una cloaca

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