Archivos Mensuales: junio 2016

Homenaje a mi bro

Hola,

Hoy quiero hablar de mi hermano. Pero no quiero hablar de él en el sentido de explicar cómo es él, ni su vida; sino de lo que es para mí.

Yo vine al mundo en un momento en el que no se supone que debería haber venido. Mis padres ya eran bastante mayores y mi hermano estaba en plena adolescencia. Aparecí sin avisar y trastoqué todos los planes.

Lo normal respecto a mi hermano, dada la diferencia de edad, sería que él hiciese su vida bastante independientemente de que yo estuviese ahí o no. No es lo mismo que una pareja de hermanos que se llevan muy pocos años el uno con el otro, donde la niñez y adolescencia van casi parejas y aprenden de la vida casi al unísono, donde el mayor puede orientar más o menos al pequeño pero con los errores propios de la inexperiencia vital. Crecen juntos, juegan juntos, aprenden a la vez y se equivocan a la vez.

Cuando dos hermanos tienen tanta diferencia de edad, veo que suele haber un distanciamiento el uno del otro. Sí, son hermanos, pero veo que se tratan más como si fuesen primos muy cercanos, no hay ese lazo tan fuerte como los que se llevan poco tiempo.

He tenido la suerte de que éste no fuese mi caso. Desde el primer momento mi hermano me trató como el hermanito que siempre hubiese querido tener, pero que se retrasó más de la cuenta. Desde que llegué se implicó conmigo, estaba muy pendiente de mí, jugaba conmigo, me cambiaba por propia iniciativa, me enseñaba cosas, me sacaba a pasear, a jugar…

Por supuesto, él hizo su vida; mi llegada no hizo que dejase de hacer otras cosas propias de su edad, cosa que me alegra, pues no era su responsabilidad.

Mis padres siempre han estado ahí, pero toda la vida tuvieron que trabajar mucho para salir adelante y poco tiempo pude pasar con ellos. Me refiero a tiempo de calidad, de que estuviesen por mí, de que jugasen conmigo. Mi hermano suplió esa carencia que mis padres no pudieron darme. Además, la diferencia de edad respecto a mis padres hizo, y sigue haciendo, que las perspectivas del mundo que nos rodea sean diametralmente opuestas. Mi padre nació en el 39, el año que acabó la guerra, yo nací en el 84, ya de lleno en la democracia y sin haber pasado por la famosa transición. Con mi hermano la comunicación era mucho más sencilla, estábamos en la misma onda prácticamente, así que poco a poco, mi hermano se convirtió en mi referente, en mi modelo a seguir, en quien confiar y respetar, en el centro.

Imitaba todo lo que hacía, le copiaba el lenguaje, tanto verbal como no verbal; cosa curiosa porque soy muy consciente de que hoy en día sigo haciéndolo, utilizo sus mismos gestos. Todo lo que él decía para mí era la verdad absoluta. Cualquier opinión, punto de vista, gustos que él tenía, lo absorbía y lo convertía en mío propio. Sus palabras, su ideología, su visión de la vida, salía por mi boca. Si a él le gustaba una canción, a mí me encantaba.

Luego con el tiempo yo fui cogiendo mis propios gustos, pero su influencia en mí seguía intacta. De la misma manera que seguía intacto el referente que para mí era él. Era mi pilar en la vida.

Tengo la suerte de que lo sigue siendo a día de hoy. En los peores momentos él sigue a mi lado, haciendo de soporte, es la muleta que me estabiliza, y si me caigo siempre está ahí para ayudarme a levantarme. Me tranquiliza y me da seguridad. Me hace la vida más sencilla. Me hace reír y sentirme bien. Confío plenamente en él. Es, sin lugar a dudas, la persona más importante en mi vida. Espero que no me falte nunca.

  • ¿A quién quieres más? ¿A mamá o a papá?
  • A mi hermano

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P.D.: Porque los homenajes, hay que hacerlos en vida.

El niño precoz – I parte

Pocas personas suelen saber el significado de niño precoz, a no ser que lo sean o tengan un familiar que lo es.

Es un nombre que induce a error, ya que da a entender que un niño precoz es aquel que experimenta una serie de cosas propias de un niño más mayor o de adolescente.

No es exactamente esto. Un niño precoz es aquel que tiene una inteligencia y/o una manera de ver y entender el mundo que les rodea superior a los otros niños de su edad. No dejan de ser niños, pero por decirlo de una manera van más adelantados al resto de personas de su edad.

Entre otras características, suelen tener un lenguaje más desarrollado que el resto de niños, tienen más curiosidad por el mundo que les rodea y se hacen cuestiones al respecto, aprenden a leer y escribir antes de lo habitual, son más disciplinados, tienen un sentido de la justicia muy desarrollado y son habitualmente más sensibles.

Buscando por internet, os traigo una lista bastante extensa de características habituales en niños precoces:

– Éstos niños son mejor ajustados como niños que como adultos.
– Comparados con otros niños, ellos siempre son mejores aprendices.
-Tienen un mayor número de intereses.
– Leen más cantidad de libros.
-Son más confiados de si mismos.
-Más saludables.
-Tienen un gran desarrollo en su lenguaje y en sus pensamientos.
-Demuestran un concepto muy desarrollado y una base en el conocimiento.
-Comprenden mejor, retienen más, almacenan más información.
-Son muy lógicos y objetivos.
-Son muy curiosos, entienden la causa y el efecto muy temprano, por ejemplo: “A una niñita de menos de un año” le puedes preguntar ¿donde esta el foco? Y ella volteará su cabecita hacia donde se encuentra el apagador de la luz no hacia el foco en sí.”
– Aprenden a escribir antes.
-Tienen nociones y curiosidad por la música, por las matemáticas, o por los temas artísticos, sus intereses son relativamente mas avanzados.
-Sus características afectivas o aquellas relacionadas a su personalidad demuestran que pueden ser muy sociables, con valores muy altos.
-Tienen una marcada intuición y comprensión de los hechos.
-No son egocéntricos.
-Les gustan las cosas derechas, son rectos, determinantes y ávidos a demostrar sus sentimientos.
-Generalmente son totalmente honestos, y confiables.
-Demasiado justos y equitativos.
-Desarrollan características de liderazgo temprano aunque no se lo propongan.

Se suele confundir precocidad con superdotación, pero no es correcto tampoco. Aunque un superdotado siempre habrá sido un niño precoz, no todos los niños precoces llegan a ser superdotados.

No tiene porqué suponer un problema siempre y cuando el entorno familiar y escolar sean conscientes de que se encuentran ante un caso de estas características. Si se detecta, familia y colegio deben proveer al niño de la atención que requiere, tratándolo como corresponde con su nivel superior, con un trato algo más delicado pues suelen ser mucho más sensibles, promoviendo su curiosidad y dándole las herramientas necesarias para que desarrollen su intelecto al nivel que tienen realmente y no al escolar que siempre estará por debajo de ellos.

El problema viene cuando no se detecta. Puede parecer a primera vista que sólo puede afectar a nivel académico, en el cual el niño precoz, al no ser provisto de una educación a su nivel pueda dar resultados mediocres. Pero va mucho más allá de eso. Ser un niño precoz no detectado y no apoyado en sus necesidades, crea una infancia muy dolorosa.

Yo lo descubrí con 31 años. De repente todo comenzó a encajar. Me había pasado toda la vida con la sensación de ser una pieza de un puzzle, el cual el puzzle está revuelto por la mesa sin empezar. En el momento en el que pude poner nombre a la pieza que yo era, el resto de piezas que andaban desperdigadas por la mesa comenzaron a alinearse. A día de hoy el puzzle sigue incompleto, y de hecho no creo que nunca pueda llegar a completarlo del todo, pero ya tengo partes montadas. Puede sonar a algo que tampoco es que tenga demasiada importancia, pero en mi caso ha supuesto un giro tal que ha llegado a remover los cimientos de lo que soy, proveyéndome de una nueva perspectiva respecto a mi vida, pasada y presente. Ya se verá si futura también, aunque creo que también.

Libélame

A veces nos damos que ha entrado un bicho volador en casa porque nos pasa volando delante de nuestras narices. Otras veces no lo ves, pero lo oyes. Y otras veces lo detectas por la sombra que proyecta al pasar cerca de un foco de luz.

Cuando pasa la tercera opción, evidentemente la sombra que se proyecta es mucho mayor que el tamaño real del bicho en cuestión. Si es una mosca, puedes ver una sombra del tamaño de una nuez.

Pues bien, estaba yo tranquilamente haciéndome la cena cuando veo lo siguiente:

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He tenido un microinfarto.

Una p*** libélula se ha metido en mi casa!!

Pero no una de esas majestuosas, de escamas azules y colorines brillantes. Era negra y estaba hecha un asco. Ha venido a morir a mi casa.

Se ha puesto encima de la nevera, donde tengo las especies, el azúcar y cosas por el estilo. También tengo ahí los rollos de papel film y papel de aluminio.

Se ha puesto detrás del rollo de papel de aluminio y ha empezado a toquetearlo. La he perdido de vista pero la escuchaba perfectamente. Al cabo de un rato he visto como se estaba metiendo entre el sobresaliente del papel de aluminio y el rollo. A modo de madriguera se ha acurrucado ahí.

Me ha dado mucha penica,pero no podía dejarla allí. Así que he cogido un trapo de cocina y he cogido el rollo de papel albal y me he ido hasta la ventana. Lo del trapo es una idiotez puesto que no me protegía de nada, pero me he sentido más resguardada.

La he llevado con cuidado a la ventana y he dejado delicadamente el rollo de papel albal en la repisa, con tan mala suerte que al dejarlo, lo he hecho justo donde estaba puesta la libélula.

He abierto el rollo cual Tedax desactivando una bomba y me la he encontrado no sé si ya muerta o casi casi. Era negra y estaba hecha un asco, ya estaba así cuando decidió venir a mi casa. Con todo el dolor del mundo la he dejado caer ventana abajo.

Lo siento mucho, libélula. Descansa en paz.

He caído en la tentación

En el segundo post que escribí en este blog, hablé del caso que me ocurría cuando me desplazaba en coche, donde pusiese la cadena que pusiese (hablo de emisoras musicales), siempre estaban echando las mismas canciones.

En estas últimas semanas, a raíz de la hospitalización de mi padre y otros asuntos, he tenido que coger el coche muchas más veces de las habituales. Evidentemente sigue sucediendo lo mismo; suenan las mismas canciones una y otra vez.

Es algo que me molesta mucho, pero lo dejo estar puesto que solo quiero una voz que me acompañe en los trayectos. Me molesta especialmente porque las canciones son muy comerciales, muy Big Mac o como se llame la hamburguesa. Música de consumo rápido y fácil, de la que te olvidas a las pocas semanas y que no te aporta nada.

Así que estas últimas semanas me he puesto bastante al día de lo que la industria musical quiere que lo pete este verano. Al final, de tanto escucharlas te las aprendes y te sorprendes a ti mismo tarareándolas en los semáforos.

Por otro lado, soy una consumidora religiosa del Vine. Me bajé la aplicación al poco de que saliese, allá por 2013 más o menos. Nunca he hecho ningún video, evidentemente, pero miraba muchos vídeos. Todos americanos. Empecé a seguir a los que más me gustaban y alguno que otro que no me acababa de convencer. Vine es una herramienta muy útil para entender un poco más a fondo la mentalidad y forma de vida americana, además de que estás al día de las últimas tendencias o novedades, no sólo musicales, sino también de lo que es propiamente tendencia, frases hechas nuevas, memes, bromas recurrentes. Sirve además para mejorar mucho tu nivel de inglés, sobretodo lo que es el listening. Aprendes nuevas expresiones y formas de comunicar, además de la pronunciación. Bien, podría hablar mucho rato del Vine pero no es de lo que trata el post de hoy. He sacado el tema porque uno de los apartados que tiene es el de tendencias, que reviso cada día.

Es habitual que de vez en cuando un vídeo normalito se viralice. Se suelen viralizar cuando dan pie a hacer parodias del vídeo o montajes. Cuando un vídeo se viraliza, pasan semanas en las que el apartado de nuevas tendencias se llena de parodias.

Hará un par de meses se viralizó ligeramente un vídeo en el que se ve un coche antiguo aparcado en la calle con una ventanilla bajada. La persona que graba se va acercando al coche, en vista de primera persona, y al llegar a la ventanilla vemos dentro del coche dos perros tumbados. Al final del vídeo uno de los perros pega un ladrido que suena casi a un pequeño grito de Ahh!

Este vídeo lo han usado para hacer parodias con el grito del perro. Lo más habitual suele ser que suena una canción mientras vemos como nos acercamos al coche y en el momento en que la canción hacen un yo! o un hey! o algo por el estilo, ladra el perro. Recuerdo perfectamente una de estas parodias que era exactamente así. Sonaba una canción, más bien un rap, y en el momento que decian ey! el perro ladraba.

Vuelvo a mi coche y a la radio. Un día, en uno de estos tantos trayectos que he tenido que hacer, cambiando de emisora me encontré que estaban echando la canción del Vine del perro y su grito. Me hizo gracia. Pero no escuché la canción entera, solo el final, que es justo lo que salía en el Vine. Me quedé con ganas de saber cómo era la canción.

A los pocos días pude escuchar de nuevo la canción en la radio. Era diferente a como pensaba que iba, pues la parte final de la canción canta una voz distorsionada en rap (o hip hop o como se diga, nunca sé la diferencia) que es lo que conocía yo, pero lo que viene antes del final no está esa voz y no es tan hip hop (o rap o como se diga) como yo esperaba.

A las pocas escuchas me familiaricé con la canción. Era comercial, pero tenía un punto que me atraía mucho. Especialmente en el pre-estribillo, en la que el cantante dice ‘my name is blurryface and I…’ Me gustó mucho el concepto de blurryface, como alguien que está pero no está, como si se sintiese perdido o fuera de lugar. Luego me atrayó un sonido específico del estribillo, que es como un redoble de batería pero sintético. Me gustó porque ese mismo sonido lo he escuchado en una canción de Linkin Park, que es extraña pero que me gusta mucho. Sin parar demasiada atención a la letra, que casi nunca lo hago, tenía la sensación de que la canción transmitía algo de melancolía y eso me enganchó. Me hice fan de la canción y me pasaba el rato cambiando de emisora a ver si la pillaba. Cada vez que salía me alegraba el día.

Empecé a fantasear con poner cara al grupo. Es algo que suelo hacer cuando escucho algo nuevo. Intento imaginarme como son físicamente y a que tribu urbana podrían pertenecer en base a la música que hacen. Me imagino las complexiones físicas, si son altos o bajos, si son rubios o morenos, cuántos son… (suelo fallar mucho muchísimo). Aunque me dije a mí misma que no los buscaría, porque me gusta más la idea de no saber como es el grupo o cantante que escucho. No me gusta que el aspecto físico interfiera con lo que estoy escuchando, pues no es relevante. Si la canción que escucho o el grupo o el disco es bueno, que más me da cómo sean. Pero me puede la curiosidad.

Así que acabé cayendo y buscando por internet la canción. No me quedé con el nombre del grupo ni el título de la canción, pero no fue difícil encontrarlo, solo tienes que escribir en el buscador una parte de la letra y enseguida lo tienes.

Me llevé una sorpresa, como siempre, porque siempre fallo. Había imaginado un grupo numeroso de personas, sin ningún fundamento por otro lado pues la canción no tiene nada que de a entender que hay muchas personas que componen el grupo, pero yo lo había imaginado así. Me los imaginaba rollo rapero, con sus ropas anchas y mucho suajjjj, ya que la canción tiene mucho rap (o hip hop o como se llame), pero tampoco. Vamos, que no acerté una, como es habitual.

El videoclip me encantó y más aún el ‘aura’ por llamarlo de alguna manera que desprende el cantante. Va con las manos y el cuello pintado de negro, que parece que lleve esas partes del cuerpo tatuadas en negro. Me pareció atrevido y eso me gusta. También me gusta mucho la forma en que se mueve. No es que baile, más o menos es baile, pero no. Y cómo va vestido.

Luego me fijé un poco más en la letra, y la verdad es que es sencilla pero es chula. Por lo menos es algo un poco más fuera de lo habitual, cosa que me gusta. Sí acerté con el aire melancólico que me transmitía, pues la canción habla de echar de menos el tiempo en el que éramos niños.

Así que con la tontería, me he hecho fan de la canción y llevo un par de días escuchándola en bucle.

El grupo se llama Twenty One Pilots, y la canción es Stressed out.

Weak up, you need to make money! Guau!

Culpabilidad

El otro día llegó a mis manos un artículo interesantísimo. No sabía de qué trataba hasta que comencé a leerlo y cuando me dí cuenta estaba enganchada a la historia. Os pongo el enlace al blog de quien lo escribió, pero aviso de que está en inglés así que intentaré traducir algunas partes como buenamente pueda e intentándolo adaptar al máximo. Él lo tituló Clueyness que vendría a ser algo así como Cluedeza:

Cluedeza: Una forma extraña de tristeza

Tengo una nueva palabra para vosotros. Cluedeza. Dejadme que os explique.

Mi padre me explicó una vez una anécdota sin importancia de cuando era joven. En ella aparece su padre (mi abuelo) que era una de las personas más felices y cariñosas que he conocido nunca.

Un fin de semana, mi abuelo fue a la tienda a comprar un nuevo juego de mesa para la familia, el Cluedo.

Él, emocionadísimo, preguntó a mi padre y su hermana (que en ese momento tenían 7 y 9 años) si querían jugar. Desde luego que querían. Así que se pusieron los tres en la mesa de la cocina, montaron el tablero y las piezas y leyeron las instrucciones de cómo se juega.

Justo cuando iban a empezar sonó el timbre de la puerta. Eran los hijos del vecino que acababan de salir a jugar a la calle. Sin pensárselo dos veces, mi padre y mi tía saltaron de sus sillas y se fueron a jugar con sus amigos.

Unas horas más tarde volvieron a casa. El juego ya estaba guardado en el armario.

Por aquel entonces mi padre no le dio mayor importancia, pues fue un día normal y corriente como cualquier otro. Pero tiempo más tarde, se encontró a sí mismo recordando aquel día de tanto en tanto, y siempre se sentía mal. Él se imaginaba a su padre, sentado en la mesa, solo, con el tablero y las piezas colocadas. Se imaginaba a su padre esperando a los niños durante un rato, hasta que acepta que ése no es el día en el que van a jugar, entonces recoge las piezas y las guarda en la caja junto con el tablero y las instrucciones. Cierra la caja y la guarda en el armario.

Es una historia muy normalita. La razón por la que mi padre me explicó esta anécdota fue por una conversación que tuve con él donde yo intentaba explicarle una cosa que sufro, que es que me siento increíblemente mal por ciertas personas en determinadas ocasiones; situaciones en las que la persona por la cual me siento mal muy probablemente apenas se sintió afectada en el momento de los hechos. Es como una extraña sensación de intensa compasión por alguien que realmente no sintió nada malo en ese momento.

Cuando le expliqué esto a mi padre me dijo que ya sabía de lo que estaba hablando y me explicó la historia del Cluedo. Devastador. Mi abuelo estaba excitadísimo por jugar; era tan buena persona, tan cariñoso, y acabó dejado de lado y decepcionado. Estaba sentado completamente solo, con el tablero y las piezas desperdigadas por la mesa; y al final volvió a meter las piezas en la caja porque no, ese no era el día en el que iba a jugar con sus hijos porque prefirieron jugar con sus amigos antes que con él.

Mi abuelo luchó en la segunda Guerra Mundial. Probablemente perdió a amigos. Probablemente disparó a gente, quien sabe. Pero la imagen de él, guardando las piezas silenciosamente en la caja? Eso no está bien. Y ahora, gracias a la historia que me acababa de explicar mi padre, vivo cada día perseguido por esta imagen:

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No se trata solamente de mi padre haciéndome esto. Explicadme ahora cómo se supone que debo manejar esta pu** historia, donde el abuelo cocinó 12 hamburguesas para sus seis nietos y al final sólo se presentó uno de ellos.

De nuevo la misma situación del Cluedo. Y la historia incluye la imagen más ‘cluedil’ que te puedas imaginar: 

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A medida que iba leyendo la historia, me imaginé a este hombre supermajo comprando todos los ingredientes, de muy buen humor por la expectativa de la reunión, luego llegando a casa y cocinando con amor cada una de las doce hamburguesas calculando el tiempo para que estuviesen listas a la hora en que habían quedado. Incluso había hecho helado casero. […] Imagínate la imagen al final de la noche, guardando cada una de las hamburguesas cuidadosamente en la nevera, de manera que cada vez que la abra para comerse una de ellas, volverá el el sentimiento de rechazo. O peor, imagínatelo tirándolas a la basura.

Lo único que me alejó del suicidio mientras leía la historia es que una de sus nietas (dios la bendiga) apareció en la casa. Por que si no…

Luego está esta otra historia de una abuela de 89 años, que se vistió de punta en blanco para hacer una presentación de los cuadros que pintaba, y adivina qué. Nadie fue. Recogió sus cuadros y se fu a casa, sintiéndose idiota. Sabes que es eso? Es Cluedeza en su máxima expresión. Especialmente el hecho de que dijese que se sintió idiota. De verdad que no necesito esto en mi vida.

[…]

La Cluedeza no sólo se aplica a la gente mayor. Hace un tiempo, unos cinco años, yo iba a salir de mi casa, estaba de muy mal humor y quería irme cuanto antes. Un mensajero estaba en la portería con un carrito lleno de paquetes. Parece que el destinatario no estaba en casa y el mensajero quería dejar los paquetes en un ‘buzón colectivo’ (de la comunidad). Al salir yo, el mensajero intentó aguantar la puerta para poder entrar, pero la puerta se cerró detrás mío antes de que él llegase. El mensajero resopló frustrado y me preguntó si le podía abrir la puerta, por favor. Yo ya estaba unos pocos metros alejado de la puerta, iba tarde, así que le dije que lo sentía mucho pero que no podía ayudarlo en ese momento y me fui. Me dio tiempo a ver su reacción ante mi negación. Tenía la expresión de una buena persona a la que todo le había salido del revés ese día. Esa instantánea de la cara de haber sido rechazado me estuvo persiguiendo todo el día; de hecho a día de hoy, cinco años después, lo sigo recordando.

 Si alguien me preguntase hoy cuál es mi mayor remordimiento tendría que mentir, pues la respuesta real sería ‘el incidente con el mensajero. Soy un monstruo’.

La Cluedeza es un fenómeno extraño. Probablemente mi abuelo se olvidó del incidente del Cluedo una hora después de que sucediese. El mensajero probablemente olvidó lo que le hice a los cinco minutos. El otro día volví a pasar por un episodio de Cluedeza con mi perro. El perro estaba super contento y con muchas ganas de jugar, a lo que yo estaba muy ocupado y lo aparté de mi lado con el pie. El perro me miró confuso y dio media vuelta hasta la otra punta de la habitación y se tumbó. El dolor en mi corazón en casos como este se multiplica exponencialmente.

El hecho de saber que este sentimiento es irracional no convierte la Cluedeza menos dolorosa […]

 

La historia que explica este buen hombre me enganchó, pues me siento totalmente identificada con él. De hecho, hago balance de mi vida y me doy cuenta que cada día, casi cada acción que realizo, a cada segundo, me siento así.

La vida está compuesta por decisiones. Cada paso que das es una decisión que has tomado y siempre lleva implícito dejar de hacer otras cosas. Es inevitable. Tienes que hacer algo y para hacerlo debes dejar de hacer otras cosas. Por mi parte, no puedo dejar de pensar en las cosas que tengo que dejar de lado para hacer las otras. Esto convierte mi vida en un sentimiento de cluedeza contínuo.

Si tengo que pasear a mis perros, me siento mal porque es un tiempo que no puedo usar en fregar los platos. Si tengo que ir a visitar a mi padre al hospital, no puedo estar con mis perros y jugar con ellos, de manera que estarán tristes y solos, acurrucados en la cama esperando a que la mama llegue a casa y esté por ellos. Si tengo un compromiso ineludible, no puedo ir a ver a mi padre al hospital, y él se sentirá solo y abandonado, mirando la puerta de la habitación esperando a que yo entre por la puerta. Si quiero ducharme, hacer la cena y recoger cuatro cosas de casa, no puedo ir al hospital a ver a mi padre ni puedo estar con mis perros. Si paseo a los perros y voy a visitar a mi padre, no puedo ir a ver a mi madre, que también está enferma y sola en casa, sin apenas movilidad, triste porque le duele todo y no puede hacer nada y no sabe de mí. Si voy a ver a mi madre, no puedo ir a ver a mi padre. Si paseo a los perros, y luego veo a mi madre y luego veo a mi padre, no puedo hacer las cosas de casa, ducharme, hacer la compra, poner la lavadora, hacer la comida del día siguiente. Si estoy tan cansada que sólo quiero estar un rato sentada, no puedo hacer nada de lo anterior. Si decido hacer algo para mí misma, salir un rato, no puedo hacer nada de lo anterior. Si estoy trabajando, no puedo hacer nada de lo anterior. Si tengo unos días de fiesta, no estoy trabajando y se me acumula en trabajo y de vuelta iré de culo para sacarlo todo y ponerme al día. Si lo hago todo, no puedo dedicar tiempo a hablar con otras personas y preguntar cómo se encuentran, qué tal les ha ido el día, si tienen alguna cosa de la que quieran hablar. Si no hablo con esta gente, me siento mal porque no les estoy dedicando el tiempo y la atención que merecen y alomejor ese día necesitan hablar con alguien o que alguien les dedique un poco de tiempo.

El autor del artículo llama a esto cluedeza, por la historia del Cluedo. Es algo mucho más sencillo. Se llama culpabilidad.

La culpabilidad no sólo atañe a las decisiones que uno toma en el día a día. También se puede sentir culpabilidad por sucesos que no tienen nada que ver con nosotros mismos. Es ver el problema de los demás y sentirse culpable por no poder hacer nada por ellos.

Imagina que vas por la calle y ves un niño con un helado en la mano. Está jugando y el helado se le cae. El niño llora. Yo me siento terriblemente mal por él. De manera exagerada. El niño que hace dos segundos era feliz, ahora llora desconsoladamente porque se ha quedado sin helado. Se le ha girado el día. Alomejor tenía un día estupendo, pero de golpe se le ha ido toda la felicidad y lo que queda de día va a estar triste porque se ha quedado sin su helado favorito. Quiero darle un achuchón, decirle que no pasa nada y llevarlo de la mano hasta otro puesto de helados y regalarle otro igual. Pero no lo hago porque soy una desconocida y sería muy raro. Me voy cabizbaja mientras escucho como llora desde lejos. Siento el dolor del niño como mío propio.

Vivir con un sentimiento de culpabilidad contínuo no es vivir. Para manejarlo, empiezas a hacer todo lo posible para ayudar a los demás en la medida de tus posibilidades. Si no puedes ayudarlos te sientes mal. Llega un punto en que dedicas tu vida a estar atenta a las necesidades de los demás y te olvidas de tí mismo. Dejas de dedicarte tiempo a tí para estar por los otros. Es imposible llegar a todo, de manera que cuando no puedes ayudar físicamente a otro, lo ayudas a tu manera, que es pensando contínuamente en esa otra u otras personas. No puedo hacer nada por ti, pero estoy pensando sin parar en tí. Es un te acompaño en el sentimiento permanente.

Es tan exagerado que es imposible estar por toda la humanidad a la vez. Así que por narices tienes que recortar el campo de acción. Empiezas por dejar de sentir empatía por lo que pasa al otro lado del mundo. Que hay una catástrofe donde mueren cientos de personas? Bueno, mira estas cosas pasan. Viste el último capi de Game of thrones? Que en la otra punta del continente matan inocentes de la manera más cruel imaginable? Claro, es que están chalaos, déjalos que se maten, a mi plim. Que en tu comunidad hay más de un millón de personas que no tienen para comer? Oye, pues haber estudiao. Que en tu barrio entraron a robar a unos ancianos? Vaya tela, como están las cosas. Has visto mis nuevos zapatos? Que el vecino del primero se ha quedao en paro? Pobre hombre, seguro que encuentra algo; de todas formas no me saluda por las mañanas así que me da un poco igual. 

El círculo se va haciendo cada vez más pequeño. Llegará un punto en el que empiezas a perder amigos. Vaya tela, estoy yo aquí preocupada por esta persona, pensando continuamente en ella, y ahora va y se enfada porque estaba atendiendo a otra. Pues que le den, no la necesito. Te vas quedando sola, pero estás tan metida en tu ayuda a tu manera de los demás, que el hecho que te dejen de lado te da la sensación de libertad. Esta persona es una desagradecida; mira, mejor, así tengo más tiempo para pensar muy fuerte en los problemas de los que me quedan.

Con el tiempo el círculo desaparece. Entonces qué te queda? Pues de nuevo la culpabilidad. Debería haber estado más por tal persona, soy una mala persona, solo pienso en mí misma, soy una egoísta. Te sientes como un monstruo insensible.

Pero somos realmente culpables de todo? Por un lado sí, claro. Has dedicado tanto esfuerzo en estar por todos, que alguno realmente no lo necesitaba y has dedicado menos de lo que debieras a otros que lo necesitaban más. Por otro lado, qué hay de mí? Porqué cuando yo sí lo necesito, no hay nadie que me eche un cable?

Al final te deja todo un regusto amargo. Dedicas toda tu energía a los demás y no sientes que los demás gasten energía en tí. Las cosas que hago las hago porque he tomado la decisión y quiero estar ahí, nadie me obliga y no busco que los demás hagan lo mismo por mi. Pero me hace sentir insignificante y sin valor que cuando yo lo necesito, no me diga nadie mira, he ido al super y te he comprado un poco de comida, que sé que tienes la nevera vacía. O, tranquila, hoy me encargo yo de tus perros a cambio de que descanses un poco porque llevas unas ojeras… Otra cosa es que tú te dejes ayudar, que ahí también entra en juego la culpabilidad. No te dejas ayudar porque sientes que el otro está haciendo un esfuerzo innecesario en ti. Te sientes culpable por necesitar ayuda. Pero uno se tiene que dar cuenta que una persona sola no puede con todo y hay que dejarse ayudar cuando se necesita.

No deja de ser un problema de comunicación. No se puede gastar tanta energía en los demás. Es tan sencillo como que la gente te diga, tengo este problema y tu respondas, pues te puedo ayudar de esta manera. Y mientras la gente no pida ayuda, tu vayas preguntando periódicamente cómo están, si están bien o si necesitan algo, siempre que puedas ofrecerlo. Quien no se interesa por ti, quien no te tiende una mano no es un amigo.