Archivos Mensuales: julio 2016

Maldita memoria

Uno de los factores que más molestias me causa es mi buena memoria.

La buena memoria se manifiesta sobre todo en mis interrelaciones con otras personas. Recuerdo muy bien no solo lo que me dicen sino también las cosas que explican de su vida, irrelevantes. De la misma manera que recuerdo perfectamente lo que yo he explicado o no.

El motivo que hace que me cause problemas es que automáticamente detecto las contradicciones en las que suele caer la gente y es algo que me molesta mucho porque me hace pensar que esa persona no es sincera. No me gusta que me tomen el pelo y si veo que un día me dices una cosa y al cabo de años me vuelves a explicar lo mismo y es diferente…

Hace que pueda detectar muy bien las personalidades. En seguida veo si una persona puede ser de fiar o no, o cómo de cuentista es.

También me causa problemas la memoria en el sentido que si me explicas una cosa una vez ya es suficiente, si me la repites por segunda vez me molesta mucho y a la tercera en adelante me ‘enhebra‘ como decía aquella.

No sólo eso, si no que además me resulta exageradamente aburrido escuchar una misma historia por segunda vez. Me gusta que mi mente esté activa continuamente. Quiero recibir cosas nuevas. La mayoría de personas con las que he tratado y trato no me aportan novedad, giran en círculos una y otra vez. Entonces me aburro mucho y paso de la gente.

Así mismo, si tienes que explicarme algo ve al grano. No te andes con rodeos para llegar de a a b porque me aburre el camino y normalmente ya predigo lo que te van a contar antes de que te lo cuenten.

Y viceversa. Yo las cosas las explico una vez. Me hierve la sangre si tengo que repetirla por segunda vez. Si hay que decirlo una tercera pensaré que me estás tomando el pelo o eres un imbécil.

Sé que es un problema mío y no de los demás, la gente no tiene la culpa de ser unos aburridos ególatras idiotas. Pero me molesta estar rodeada de esta gente.

Piensa diferente, actúa diferente, sorpréndeme, hazme ver lo que yo no veo, capta mi atención y seré toda tusha.

Por cierto, este “problema” es la causa también por la que explico las cosas con frases muy cortas y me doy cuenta sobretodo cuando escribo en el blog. Tengo mucha información en mi mente de cosas que ya sé, y como yo ya las sé, cuando tengo que explicarlas recorto toda la información que para mí misma es redundante, de manera que es posible que los demás no me lleguen a entender del todo o no lleguen a captar la esencia de todo lo que digo o escribo.

Mis oraciones son muy cortas, pero están preñadas de información.

Suicidio

Cuando la depresión no está en un estado mayor, en esos momentos en los que ya no sientes nada y no eres capaz de levantarte de la cama, considero que me encuentro en la peor fase del cuadro.

Cuando estoy en esta fase, no estoy ‘triste’ o ‘deprimida’ las 24 horas del día, si no que voy a ratos. Puede que la mayor parte del día estés más o menos bien, y luego en un momento determinado llega el bajón. El bajón es tanto físico como mental. Noto como mi cuerpo se va encorbando y de repente me noto agotada. Me pesan las piernas, caminar es un suplicio. Desaparecen las ganas de todo, no puedes moverte del sitio donde estás, no eres capaz de levantarte a beber un vaso de agua. Los pensamientos negativos entran en tu mente en tromba. Llegan tantos a la vez que no eres capaz de asimilarlos todos. Te quedas quieto, sentando donde quiera que estés sin poder moverte aunque quieras, mirando a la nada. Hay un vacío absoluto.

Piensas que debes dejar de pensar en esas cosas malas, pero eres incapaz de luchar y la negatividad te invade. Y lloras.

Y digo que es la peor parte porque como no estoy en este estado de manera continua, cuando interactúo con otras personas en un momento en el que no estoy de bajón, para la otra persona parece que no hay nada raro ni diferente en ti. Eres la misma persona de siempre, hablas normal, actúas normal incluso eres capaz de tener humor y hacer bromas y reírte.

Entonces todo pasa desapercibido y el infierno es mayor para quien lo sufre pues cuando te da un bajón suelo estar sola y sé que no hay nadie que pueda estar preocupada por mí en ese momento. Cada uno sigue con su vida tranquilamente mientras tu estás en un pozo oscuro del que no eres capaz de salir. La soledad en la que vivo se hace patente y duele mucho.

Y aquí es donde llega la peor parte. Digo que esta fase de depresión es la peor porque aún tienes algo de fuerza para moverte, aunque sea poca, por tanto es la fase más peligrosa de todas pues en cualquier momento puedes autolesionarte.

Las personas que se encuentran en un estado de depresión mayor es difícil que acaben suicidándose porque no son capaces de moverse y no hay pensamientos negativos, pues ya no quedan sensaciones, ni buenas ni malas. Es en los estados previos en los que el peligro es mayor. Tienes pensamientos negativos, tienes malos sentimientos, no ves futuro, tienes energía para moverte y has estado ocultando tu situación a los demás de manera que no son conscientes de lo que pasa y puedes actuar libremente, pues nadie te vigila.

Muchas veces me he encontrado en la situación de tener que pararme y decirme a mí misma cuidado! ve con cuidado con lo que estás haciendo.

No me quiero morir, de hecho le tengo pánico a la muerte, pero sé que si me dejo ir, si actúo sin pensar las cosas, puedo hacerme daño. No digo ya de consumar nada, porque no soy lo suficientemente valiente para hacerlo, pero sí de actuar de manera peligrosa. Te comportas de manera que te da igual las consecuencias de todo. Te dejas invadir por la locura que comentaba en un post anterior.

Me preguntas si he pensado en el suicidio alguna vez? Cada día.

Lo tengo presente cada día de mi vida, en cada momento. Es contínuo. Lo pienso incluso cuando me siento bien. Es como un tesoro que guardas bajo llave y que lo llevas contigo permanentemente. Es la solución final. La solución definitiva a todo. Todo se soluciona con eso. Es como tener la lámpara del genio que te puede solucionarlo todo, pero que no la usas porque no quieres hacer un mal uso, la guardas para una ocasión que realmente merezca la pena.

Porque no lo he hecho hasta ahora? Pues porque soy muy cobarde. No soy capaz de hacerlo, si fuese capaz no estaría escribiendo aquí y ahora. Para hacerlo no hay que pensar. Hay que hacerlo, y tengo la manía de pensar mucho las cosas, de pensar en las consecuencias si lo hiciese. Pienso en cómo se sentiría mi madre o mi hermano. En mi padre no pienso. Y no lo hago porque no quiero que ellos sufran. Pero evitar su dolor incrementa el mío. Aunque hay veces en los que realmente me pregunto si sufrirían tanto como creo.

Además he llegado a la conclusión de que es un acto muy egoísta realmente. Es enormemente valiente, solo un valiente lo puede hacer, pero a la vez es tremendamente egoísta.

Luego está el dolor. Soy muy flor yo, no soporto el dolor. Soy muy mala enferma, a la que tengo unas décimas de fiebre lloro porque me siento horriblemente mal. Si lo llevas a cabo, de la manera que sea, hay posibilidades de que no salga bien. No creo que fuese capaz de sobrellevar la supervivencia.

Así que me encuentro muchas veces pensando en qué bien estaría que me pasase algo. Una enfermedad, un accidente, un loco… Me quitaría toda la culpa que me supone y sería más llevadero para los demás.

Cuando no estoy en este tipo de fase en la depresión, cuando la ‘mala racha’ ha pasado de largo y estoy bien, tengo pensamientos que me dicen que menos mal que no lo he llevado a cabo, que ha pasado de largo y lo he sobrevivido y que menos mal. Luego pienso, buf, lo he pasado tan mal que creo que ya nunca más volveré a pasar por algo semejante. Craso error, cuando una ‘mala racha’ vuelve, viene con más fuerza que la anterior. Todo lo que antes costaba un poco que llegase, llega cada vez más rápido.

Dicen que es difícil que te alcance un rayo, pero una vez que te alcanza y sobrevives, las probabilidades de que te vuelva a impactar son mayores. Como si el primer impacto te hubiese dejado una señal que atraiga a los siguientes rayos. Si te da una segunda vez, la señal es más grande y es más fácil aún que te vuelva a impactar. Leí hace tiempo el caso de un hombre al que le cayeron 7 rayos a lo largo de su vida. Esto es un poco igual, caes en una ‘mala racha’ con todo lo que conlleva, pero la superas. Piensas que no volverás a caer porque vas aprendiendo con cada una de ellas, pero la siguiente es mayor. Pasa de nuevo y vuelve otra mucho más grande y ha llegado mucho más pronto. Me pregunto cuál es el límite de rayos que una persona puede llegar a soportar.

Llegas a un punto que te proteges, evidentemente. No sales cuando hay tormenta, no llevas nada metálico que lo pueda atraer y aún así el rayo vuelve a impactar. Qué haces cuando si aún protegiéndote no puedes evitarlo? Puedes poner remedio, la solución final, cuando te cansas de quemarte, o puedes vivir de aquella manera, intentando más o menos estar bien y esperar que el rayo vuelva a tocarte cuando lo considere oportuno.

Que curioso, no quería escribir este post o lo quería hacer más adelante, cuando me sintiese preparada para hacerlo, pero lo he hecho sin pensar.

Depresión

Hace unos años, en verano de 2012, pasé muy malos momentos; me atrevería a decir que los peores que he llegado a pasar nunca y del que todavía arrastro muchas cosas. Poco a poco me vi inmersa en lo que se llama depresión.

No apareció del golpe, se venía gestando desde hace mucho tiempo atrás. Probablemente es el resultado de un cóctel compuesto por una manera de ser determinada, una sensibilidad extrema, y una mala gestión de las emociones. Todo aquello estaba latente y sólo era necesario un pequeño empujón de cosas negativas para que estallase la bomba.

Durante gran parte de mi vida, sin saberlo, estuve luchando por no caer en ello. Desde muy pequeña sabía que tenía que luchar contra lo que yo llamaba locura. Cada día tenía a la locura presente, estaba a mi lado como mi propia sombra, acechándome. Sin saberlo, la mantenía a raya. Tenía que poner distancia entre ella y yo, porque si llegaba a abrazarme sabía que caería en la locura.

Muchas veces soñaba despierta y pensaba cómo serían las situaciones que yo había controlado si me hubiese dejado llevar por lo que yo consideraba locura. Inmediatamente sentía como una descarga eléctrica recorriendo mi cuerpo y me invadía una sensación de alerta máxima. Es como si te encontrases frente a frente a un león que te mira fijamente y está en posición de preataque. En ese momento te invade una ducha de energía que te pone en alerta. Las pulsaciones se disparan, los músculos están listos para dar lo máximo de su capacidad. Tienes la sensación de que te quieres poner a correr en ese momento y además sabes que si lo haces podrías batir todos los récords de velocidad. La visión se nubla, como si de repente surgiese una niebla que lo envuelve todo y tiñe de gris todo lo que alcanzas a ver.

La peor parte para mí, por eso, era la sensación de que ‘se me iba la cabeza’, casi literalmente. Como si perdiese el control sobre mi cuerpo, la cabeza se ladeaba y la mirada se va hacia arriba. Ese era el punto exacto de pérdida de control y donde la locura aprovechaba para adueñarse de mi. Como si de una posesión se tratase, ya no era yo quien controlaba mi cuerpo, era la locura que tomaba los mandos, ella decidía que movimientos hacer, que decisiones tomar, controlaba mi mirada, mis manos, mis ojos y mi lenguaje.

Hacer estos ejercicios me ayudaban a mantener a raya la locura.

Empezó muy pronto cuando tenía unos 8 o 9 años, probablemente antes, aunque nunca lo identifiqué como depresión; para mí era lo normal, era mi forma de ser. Interiormente le puse el nombre de malas rachas; nunca lo comenté con nadie así que yo sola tenía que ponerle nombre. A partir de entonces empezaron los ciclos de malas rachas.

Las malas rachas aparecían de tanto en tanto, nunca conté el tiempo que duraban ni el espacio de tiempo entre unas y otras. Normalmente pasaban muchos meses entre mala racha y mala racha, tiempo durante el cual me sentía más o menos bien, más bien que mal. Las malas rachas no recuerdo que fuesen de larga duración, pero como digo nunca lo conté porque para mí era lo normal. Y sobre todo no les daba mucha importancia.

Cuando llegaba un tiempo de mala racha durante semanas me encontraba mal y lloraba sin motivo alguno. Durante mi infancia, y en realidad toda mi vida, he estado muy sola siempre, así que cuando estaba en casa, me encerraba en el baño o en mi habitación y lloraba desconsoladamente sin saber porqué. Nadie nunca supo nada y no creo que lo intuyesen pues nunca me dijeron nada; o bien si lo veían pero actuaron con pasividad. No recuerdo ningún momento en el que alguien de mi familia se sentase conmigo y me preguntase cómo estaba, simplemente cada uno iba a lo suyo y hacía lo que se supone que debían hacer, aunque, je, creo que lo más importante por encima del trabajo o la casa es cuidar de tu familia y procurar que los miembros de la familia estén bien es primordial por encima de todo.

Muy rápidamente me volví una persona taciturna. La alegría que en realidad me caracteriza, aunque nadie lo diría, se esfumó. Estaba siempre seria y/o de mal humor. Hacía lo que tenía que hacer, era una buena estudiante y no di problemas en casa, siempre me he portado bien, nunca he hecho gamberradas, siempre he cuidado mucho del dinero siendo muy responsable, nunca pedía nada y a la que tuve algo de dinero ahorrado, con 16 años, mis padres dejaron de pagarme los gastos. Los libros de instituto los compraba yo con mi dinero, la ropa me la compraba yo con mi dinero, cualquier gestión que tuviese que hacer me lo hacía yo misma. Ellos me proporcionaban techo y alimento, pero poco más. Me convertí en una autómata y seguí el camino de lo que se supone que tenía que hacer.

Las malas rachas iban y venían y nunca les di mayor importancia, cuando se acababa una pensaba que, eso, era una mala racha y ya está, que ahora estoy bien y ‘palante. Pero con el tiempo volvía a venir otra. Y cada nueva mala racha que llegaba era peor que la anterior.

Pronto se instaló en mi el concepto de muerte. No era un pensamiento obsesivo, pero la tenía presente siempre. Lo malo de esto es que no era un pensamiento que yo buscase, si no que aparecía de pronto en mi cabeza. Normalmente aparecía cuando me acostaba en la cama para irme a dormir. Me tumbaba, me tapaba, apagaba la luz y rápidamente mi mente empezaba a crear historias en las que acababa muriendo. Otras veces moría algún miembro de mi familia o morían todos. Inevitablemente comenzaba a llorar a moco tendido. Así hasta que me quedaba dormida, así cada noche.

No por ello le cogí miedo a la muerte, yo seguía mi vida de manera normal y durante el día todo iba más o menos bien. Quizá me hizo ser algo más consciente de ella. Todos sabemos que moriremos en un momento u otro, pero la gente no la suele tener presente; en mi caso cualquier suceso en mi vida cotidiana que saliese un poco fuera de lo normal automáticamente lo relacionaba con la muerte. Si un familiar llegaba algo más tarde de lo normal a casa pensaba que habría muerto por el camino, que lo habrían atropellado en un descuido, que un loco le hubiese atacado sin motivo alguno, que se hubiese desplomado de golpe.

Continuará..

La chica de los recados

Muchas veces me preguntó qué soy realmente para mi familia. He llegado a la conclusión de que para ellos soy la chica de los recados.

Específicamente estos últimos seis meses, pero en realidad en los últimos tres años en los que mis padres han tenido problemas de salud, me he dedicado a ellos y a mi hermano.

A mi madre la he llevado al médico siempre, y no ha ido pocas veces, teniendo que gastar todas mis horas de médico del trabajo, repito mis horas, además de varios días de vacaciones, de mis vacaciones. He llevado el control de las visitas médicas que tenía que hacer, recordándoselo. He hablado yo con los médicos para sacar toda la información y ellos me preguntan a mí. En sus operaciones, que lleva varias, he sido yo la que se ha levantado a las 5 de la mañana para a las 6 estar duchándola y preparándola para sus operaciones. Luego he estado yo sola en la sala de espera mientras la operaban, sin haber dormido y sin comer, y sin la posibilidad de hacerlo porque estaba sola en la sala de espera. Me he ido del hospital a mi casa después de estar más de 14 horas sola en el hospital acompañándola y al día siguiente volvía a estar en el hospital bien temprano acompañándola y así en los días sucesivos. He estado yo presente cuando pasaban los médicos y las enfermeras a revisar a mi madre o hacerle curas. Le he dado de comer, le he puesto la cuña y la he sacado, la he llevado al baño y la he limpiado después de hacer sus necesidades. Estaba en el hospital también sin hacer nada, solo compañía. De vuelta a casa le he hecho las curas de las heridas. Le he ido a comprar, le he hecho los recados, la he acompañado. Cuando ha tenido que volver al médico me he vuelto a gastar días de mis vacaciones para ir con ella. Los hospitales me llaman a mí para decirme si tiene tal visita o si la trasladan a tal hospital.

A mi padre le he tenido que llamar yo a la ambulancia porque mi madre no lo hizo, estando en la otra punta de la ciudad y sin saber exactamente qué pasaba. He estado con él varias veces en las urgencias del hospital, desde la madrugada hasta la madrugada del día siguiente. He hablado por él con los médicos, aún viviendo en otro sitio, mi madre sí que tenía toda la información, yo no, pero era yo la que hablaba con los médicos. He acompañado a mi padre en el hospital. Le he dado de comer, le hago las curas, hablo con los médicos y las enfermeras, soy la que tiene que firmar los consentimientos. Lo he bañado, lo he llevado al baño, le he limpiado después de hacer sus necesidades. Lo he tumbado en la cama. Le limpio la dentadura. Le limpio las gafas. Le leo el periódico. Lo paseo por los pasillos. Le hago compañía. Me gasto días de mis vacaciones. Le compro ropa y vigilo cada día qué tiene sucio, me lo llevo, lavo su ropa, se la plancho y se la devuelvo y me vuelvo a llevar más ropa sucia. Le encargo el barbero y lo pago. Vuelvo a gastar días de vacaciones para volver a hablar con los médicos.

Me pongo en contacto con servicios sociales, vuelvo a gastar días de vacaciones para reunirme. Recopilo la información y la documentación necesaria. Hago las fotocopias, tengo sus dnis y las tarjetas sanitarias. Me llaman del hospital, de rehabilitación, para obtener información. Llamo yo para obtener información. Pido citas con los médicos o servicios sociales y voy yo a hablar con ellos. Relleno los impresos. Los llevo al médico, los llevo a mis padres para que firmen, los vuelvo a llevar de vuelta. Me llama también la familia de mis padres para saber cómo están las cosas. Me envían whasaps. Cada día me preguntan cómo están y qué novedades hay.

Además de mi trabajo normal, de 40h semanales, los sábado le hecho un cable a mi hermano en su negocio. Estoy entre 5 y 6 horas. Le hecho una mano atendiendo, limpiando, y cuidando el negocio para que él pueda descansar un poco. Le voy a hacer la compra, le hago compañía. Le presto mi coche. Le informo de cómo están mis padres y lo tengo al día. Le escucho cuando me explica sus problemas.

Por mi lado, trabajo, como digo mis 40h semanales. Me levanto temprano y paseo a los perros, de vuelta del trabajo los tengo que pasear de nuevo. Tengo que ir al super, tengo que poner lavadoras, tengo que ducharme, tengo que hacerme la cena y la comida del día siguiente, tengo que cuidar el piso. Tengo que comprarme cosas a veces, como unas sábanas nuevas o ropa. Tengo que fregar platos. Tengo que planchar. Tengo que llevar a los perros al veterinario, tengo que darles la comida y sus medicaciones. Tengo que bañarlos. Tengo que pasearlos de nuevo antes de ir a dormir.

No notáis algo raro en todas estas cosas que hago? Porqué estoy sola, cuidando de mi madre? Pues porque ni mi padre ni mi hermano han estado ni han querido estar presentes cuando la he tenido que llevar al médico, ni cuando la han operado. A penas iban a visitarla al hospital y si lo hacían no era para darle de comer, o bañarla. Ni mi padre ni mi hermano se han preocupado con los calendarios de visitas al médico, ni mucho menos se han ofrecido para acompañarlos ellos uno o el otro o los dos, de manera que no me ha quedado más remedio que gastarme días de vacaciones para hacerlo yo. No se han dignado a llamar al médico para preguntar por mi madre, no se han dignado a hacer los recados.

Porqué estoy sola cuidando de mi padre? Pues porque mi madre seguía con dolor y no le era posible hacerlo. Mi hermano parece que tampoco era capaz de dar mucha información a los médicos por desconocimiento, exactamente el mismo desconocimiento que tenía yo, pero que yo sí he dado y he estado presente. Mi hermano no llama al médico ni se ofrece para ir él a las citas. No ha llamado a servicios sociales, no ha hablado con ellos. No llama a mi madre para preguntarle cómo se encuentra. No ha estado presente en las operaciones de mi madre, mi padre tampoco. Él no recibe llamadas y whasaps de la familia, a él no le preguntan cómo están mis padres. Él no recibe las miradas de desaprobación cuando llego tarde al hospital y los enfermeros me recriminan que no haya un familiar presente.

Todas estas cosas que comento que hago y he hecho, han pasado a la vez. Qué he recibido y recibo yo por parte de mi familia? Recibo llamadas diarias de mi madre esperando que le informe de cómo está mi padre y que le haga el parte del día. No llama a mi hermano para preguntarle a él, me llama a mí. Y cuando le digo que también puede llamar a mi hermano me dice que él pocas veces le contesta el teléfono y que cuando lo hace a penas le da información, así que pasa de llamarlo. No solo le tengo que dar el parte sino que además se enfada conmigo si cree que no lo estoy gestionando bien. Me dice que debería preguntar esto o aquello otro. Se enfada conmigo también porque la visito poco, a pesar de que ella, en su reducida movilidad, tiene una asistenta y la visita casi diaria de familiares y vecinos que la bañan, le traen comida, le hacen la compra y le hacen compañía. Mi padre además, y repito que esto sucede a la vez, me recrimina que voy poco a visitarlo al hospital, cuando de hecho voy cada día con pequeñas excepciones. Exige que sea yo la que lo acicale, la que lo lleve al baño, le limpie la cara, le limpie la dentadura, le dé de comer. Quiere que lo pasee y le haga lo que se le ocurra a cada momento que cree que debo hacer. A mi hermano no se lo pide. Se enfada y me insulta si considera que lo que estoy haciendo no es de su agrado. Me dice entre insultos que abandone a mis perros y que vaya a casa con él y mi madre para cuidarlos.

Pero siguen habiendo cosas raras. De verdad creéis que puedo hacer todo lo que digo arriba? No, el día no tiene tantas horas. Así que, qué es lo que he dejado de hacer? Pues he dejado de ir al super, de hacerme la comida, de cuidar a mis perros. Apenas hago lavadoras y por supuesto hace semanas que no limpio el piso. No siempre tengo tiempo de ducharme y mucho menos de comprarme ropa así que tiro con la vieja que está rota. No como o mejor dicho, no como comida normal, tiro de comida basura y café. Duermo poco y mal. No baño a mis perros, me olvido de darles medicación. Tengo ataques de ansiedad, tengo dolor de espalda que me acompaña desde hace meses, se me duerme la espalda por arriba y me duele por abajo. Mi terapeuta está asustada y me pide por favor que tome antidepresivos. Me confirma que tengo depresión.

Apenas tengo con quién hablar. Solo tengo una persona y tampoco quiero descargarlo todo sobre ella porque es injusto. Mis compañeros de trabajo hace tiempo que me han dejado de preguntar cómo estoy. Supongo que porque les decía que mal y entonces se sentían incómodos. Así que he pasado a decir que estoy bien, porque total, el resultado es el mismo.

Con mi hermano tampoco puedo hablar mucho. Al principio se preocupaba por mi, pero con el tiempo ha ido dejando de preguntarme. No sabe que estoy sumergida de nuevo en la miseria, no sabe que necesito antidepresivos. Además también se me quitan las ganas de hablar, siento que no me escucha cuando le explico las cosas. No puedo acabar de explicar los razonamientos que tengo porque enseguida se pone a hablar él y me pisa. Tampoco le da la importancia que debiera a lo poco que me deja explicarle. No parece ser consciente de lo mal que me encuentro y sin quererlo, porque voy a dar por hecho que es sin querer, hace cosas que me duelen mucho. Le resta importancia a lo mío, me dice que no es para tanto o que debería organizarme mejor. A veces comenta que lo que me pasa es psicológico, pero lo dice de una manera que me da la sensación de que me llama loca.

Muchas veces estoy en el trabajo concentrada con lo mío y noto como los ojos se me llenan de lágrimas. No lo busco, no estoy pensando a propósito en cosas malas, me sale solo. No puedo trabajar normalmente. También me pasa caminando por la calle o en el bus. Me tengo que esconder o disimular porque cuando camino tranquilamente por la calle lloro. Tengo ataques de ansiedad, de repente necesito salir corriendo de donde estoy. Pero sin ir a ninguna parte, solo tengo el impulso de ponerme a correr y marcharme de donde estoy, sea donde sea, sin destino.

Mi hermano sabe que estoy mal pero le resta importancia. A mi padre se la suda que esté mal o no, sólo se importa él mismo. Mi madre, como madre que es, sabe perfectamente que no estoy bien aunque no sabe hasta qué punto, aún así le gana el egoísmo y me reclama lo que no puedo dar.

Qué he recibido yo en todo este tiempo por parte de ellos? Mis padres me iban dando 50 euros de vez en cuando, cuando los acompañaba al médico o cosas así, como una p***. Mi hermano me dice que no es para tanto. Ahora me ha regalado su PS4 que está estropeada y no funciona.

Santa Ana

Bueno, es fácil saber que hoy es mi santo. Es uno de esos santos que la gente suele recordar con relativa facilidad. No tiene ni mucho menos la dimensión de Sant Jordi o San Juan, pero es un santo bastante popular.

Prácticamente nunca lo he celebrado, en mi casa no solíamos celebrar los santos pero eso no quiere decir que no lo quiera celebrar. Me gustaría, pero estoy bastante sola y no tengo con quién.

Envidio a la gente que celebra los santos y los cumpleaños con la familia y/o amigos. Se reúnen, comen o cenan juntos, hacen una pequeña salida, se hacen regalitos. No envidio los regalos, envidio el dedicar unas horas a homenajear por si se puede decir así a uno de los miembros del clan, por si se puede decir así también. Como los cumpleaños, es un día en que se celebra el ser uno mismo. Los cercanos se reúnen para dedicarte un día o unas horas y te hacen saber que les importas y que te quieren.

Este año una vez más he recibido lo de siempre, algunas felicitaciones de compañeros de trabajo, no todos, que me han dicho felicidades y me han dado dos besos y luego un par de felicitaciones más de gente cercana.

Y una vez más, como siempre, no he recibido la felicitación de mi familia. Siempre se olvidan. A veces lo recuerdan días más tarde. Tanto si lo recuerdan el mismo día como días más tarde lo que recibo por su parte es o bien un sms con un felicidades o bien una llamada en la que me piden disculpas por el olvido y luego me felicitan.

No hay interés, aunque ellos crean que sí lo hay. Yo nunca me olvido de sus santos y cumpleaños. Siempre les llamo, siempre intento verlos ese día si es posible, les dedico un rato y si puedo les hago un regalo (y yo no soy de regalos baratos). Lo que yo recibo a cambio es a veces un felicidades, otras veces, silencio.

Envidia cochina

Hoy, como de costumbre, he ido a visitar a mi padre en el hospital (sigue ahí después de casi tres meses), y me he desplazado como siempre en coche.

Está hospitalizado en un centro de recuperación donde hace la rehabilitación para el ictus. No está demasiado lejos de su casa, pero sí que queda lejos de la mía y es un trayecto largo de tiempo para llegar. Barcelona no es que sea muy grande, pero hay tráfico y muchos semáforos, y un trayecto de pongamos 5 km dentro de la propia ciudad, puede llevar tranquilamente más de media hora.

En fin, de camino paso por una zona bastante conocida para mí, que está relativamente cerca de casa de mis padres.

Cuál ha sido mi sorpresa cuando llegando a determinada zona, he visto y reconocido inmediatamente a la madre de una amiga mía del colegio e instituto.

Desde los 4 años hasta los 16 compartí escuela con dos chicas de mi barrio. Vivíamos en la misma manzana. Conocernos todos esos años y criarnos juntas, digamos que hizo que nos conociésemos bastante bien. Luego de adulto uno va modificando y adaptando su conducta al mundo en el que le toca vivir, pero cuando eres pequeño se podría decir que eres bastante libre de personalidad. En fin, me lío. Lo que vengo a decir es que conozco bien además de a estas dos chicas, a sus familiares, pues nos hemos visto desde críos y nos han visto crecer. Así que cuando veo a los padres de algunos de los compañeros con los que fui al cole, los reconozco enseguida.

De la chica en cuestión, y de la otra también, no sé nada de ellas. Con el tiempo me fui alejando y empezando a perder el contacto. Sé que ellas mantienen el contacto y saben la una de la otra, pero yo era diferente y necesitaba por tanto algo diferente, así que me fui alejando. A pesar de ello no había mala relación, simplemente los caminos se bifurcaron, ellas siguieron por uno y yo por el otro.

El alejamiento fue paulatino pero sin pausa. Al principio dejamos de vernos tan a menudo. Yo empecé a trabajar a la vez que me sacaba el bachillerato y ellas sólo estudiaban. Yo dejé de tener tiempo así que poco a poco las fui viendo menos. Luego empecé a no quedar con ellas. Me caen bien y creo que son buena gente, pero no me satisfacían, para mí era algo aburrido. En poco tiempo dejé de verlas y la relación se mantuvo con algún que otro mensaje de texto, pero poca cosa. De ahí pasamos a sólo enviarnos sms en nuestros cumpleaños, o alguna llamada de cumpleaños. Hasta que un día dejamos de felicitarnos.

Aún así, sí que sé cosas de ellos. Nosotros, los chicos que íbamos al cole o al instituto hemos seguido nuestros caminos, pero las familias se mantienen donde están. Mis padres viven donde han vivido siempre y lo mismo pasa con el resto de padres de mis compañeros de cole. Claro, como entre ellos también se conocen, pues de tanto en tanto se van encontrando por el barrio, se saludan y se cuentan cómo están unos y otros. Así pues, mi madre de tanto en tanto me va dando el reporte de cómo están los que fueron compis de cole.

Sé que alguno, uno de los ‘cocos’ de clase, sigue viviendo con sus padres. Tiene la carrera terminada, no se cual pero imagino que alguna ingeniería o cosa del estilo, y por supuesto está en el paro, sin pareja. Otro de los ‘cocos’ acabó la carrera, se echó novia y se fueron a vivir a un piso de alquiler en un barrio muy pobre pues no daba para más. Imagino que con su carrera que debe ser del estilo de ingeniería informática o así, consiguió un trabajo en el que apenas le daba el sueldo para vivir. Así que cogió la mochila y se fue a vivir a Chile, el país originario de la novia. Sé que estuvo unos tres años viviendo allí, y ahora está de vuelta y para quedarse aquí y con planes de boda. Otro de ellos se juntó con una mujer mucho mayor que él y con un hijo o hijos de una relación anterior. Otra creo que trabaja de peluquera o algo por el estilo y tiene un par de hijos que ya deben rondar los 8 años por lo menos. Unos cuantos de ellos, bastantes creo que la mayoría, tienen hijos aunque no sé si trabajan, los que sí se que trabajan tienen trabajos mal pagados.

La mayoría si bien no todos, siguen viviendo cerca de donde nos criamos aunque no con los padres (casi todos). Creo que soy de las pocas si no la única que se ha ido a otro barrio bien lejos del original y supuestamente de mucha más ‘categoría’. Y desde luego, que yo sepa los demás no pueden ni oler el hecho de vivir sólo y pagarse uno mismo todos los gastos.

De las dos amigas en cuestión. Las dos comenzaron la carrera, una la acabó la otra la dejó al primer año y se pasó a un grado (antigua fp). La de fp consiguió el trabajo de sus sueños, cosa que me alegra, aunque sé que el sueldo es más bien escaso. Tuvo dos hijas, no sé que edad tienen, pero son pequeñas, la mayor debe tener unos 4 o 5 años. Creo que sigue todo igual. La otra acabó la carrera y encontró un trabajo de lo que había estudiado. Una empresa seria con sede en el centro de Barcelona y estricta en el trato, de manera que deduzco que no debe tener un gran sueldo. Sé que le tocó un piso de protección oficial cerca de donde viven mis padres. En cuanto a relaciones, tenía entendido que tuvo un hijo o hija, pero que el padre no estaba, aunque no sé si esto es cierto o no.

En fin, volviendo al tema por el que he empezado a escribir, estaba yo en mi coche parada en un semáforo cuando vi a la madre de una de estas dos chicas, la segunda, la que tiene carrera y un piso de protección oficial y que no se sabe si tiene hijos o no y si está con alguien o no. Esta mujer estaba acompañada de dos chicas. Lo primero que he pensado es si estaría ésta amiga del colegio con ella. Y efectivamente, estaba.

Lo primero que he sentido ha sido alegría por verla, pues hace mucho que no la veía y no sé qué aspecto tendría. Es algo que tengo mucha curiosidad respecto a todos los que fueron conmigo al cole, más que saber cómo les va la vida, tengo más curiosidad por ver cómo la vida les ha tratado físicamente. No deja de ser un reflejo de si las cosas van bien o no. Una persona puede tener un trabajo estupendo o hijos o las dos cosas, pero solo sabrás si es feliz si le ves la cara y el aspecto. Con un golpe de vista puedes saber realmente cómo les va la vida.

Por otro lado, hay una parte fea y egoísta de mí que se muere de ganas de comprobar que yo tengo mejor aspecto que todos juntos.

Yo me veo en el espejo y aunque reconozco los signos de edad, me da la sensación que estoy igual que cuando tenía 16 años, que debe ser de las últimas veces que los vi a todos. Muchas veces pienso, cómo estarán los demás? Seguirán más o menos como yo, con algún signo de edad pero básicamente igual? o parecerán ser mucho más mayores? Parecerán mucho más jóvenes? Estará gorda aquella chica? Estará calvo aquel chaval? Los chicos no tenían ni barba cuando los vi por última vez.

Mi momento había llegado, iba a verla y saber cómo estaba. Si era cierto lo de que había tenido un hijo, esperaba encontrarla algo más dejada físicamente, no por nada, pero el cuerpo ya no es el mismo y todo parece caer mucho más rápido, además de que es habitual que se cojan unos cuantos kilos. Esta chica siempre ha sido muy mona. Es rubia natural de ojos azules y siempre ha sido muy deportista, así que siempre ha sido delgadita y con un cuerpo definido, abdomen plano. Mi parte malvada estaba deseando que como mínimo le hubiesen salido caderas, cartucheras o un culo gordo.

A parte de llevarme una alegría por verla, que me hacía ilusión verla porque le tengo cariño, me ha llenado de orgullo y satisfacción ver que ha cogido bastantes quilos. Reconozco que una parte de mí se ha sentido algo aliviada y he sentido casi como si fuese una batalla ganada. Desde luego yo no tengo el mejor aspecto del mundo ni mucho menos. No me considero guapa aunque tampoco soy un adefesio y me sobran muchos quilos, y tengo una piel horrible y canas y ojeras. No debería estar satisfecha con mi forma física, pero la he visto y he sentido que ahí le he ganado y me ha dejado una sensación de satisfacción más fuerte de la que se supone que debería sentir. De hecho, me ha dejado con una sonrisa en la boca el resto del día.

Espero que todo le vaya bien, aunque no tenía cara de estar muy contenta. Curioso, porque dada mi situación en la que tengo muchos familiares enfermos o con problemas, además de mi propia situación que es delicada, me veo en el espejo y de verdad me parece que tengo mucho mejor aspecto que ella. Y sé, esto seguro, que ella no tiene ni de lejos una situación parecida a la mía.

En fin, se que puede sonar mal decir que me alegro de que tenga peor aspecto que yo, pero no me quiero esconder, me alegra ver que estoy mejor.

Pum, in your face! Drop the mic, doy dos pasos hacia atrás y hago mutis por el foro.

Festival Cruïlla – 3a parte y última

El domingo también me costó levantarme aunque no tanto como el sábado. Tuve un poco más de tiempo. Antes de irme al festival pasé a visitar a mi padre un rato. Luego fui para allí.

El domingo ya era día de cierre y solo habían dos conciertos. Llegamos con el primer concierto empezado, que era de Elefantes. Apenas conozco su repertorio, aunque la primera canción que escuché la conocía. Estuvimos un ratito por ahí escuchándolo y luego nos fuimos a por una hamburguesa. La tuvimos que comprar en otra de las food trucks porque la de ayer seguía cerrada.

Merendamos con calma y con tiempo. Cuando decidimos volver al concierto, ya estaba acabando.

Buscamos un sitio a la sombra y nos sentamos a esperar el siguiente concierto. Cerraba el festival Calexico. No los conocía, pero la verdad es que me llevé una grata sorpresa. Son de Tucson (Arizona) y hacen un rock con mucha influencia fronteriza por decirlo de alguna manera. Es una mezcla de sonido americano con mexicano. Me recordó al tipo de música que aparecen en las películas de Tarantino o Robert Rodríguez. Lo disfruté mucho y fue un cierre de festival perfecto.

Poca cosa más puedo añadir. Estoy muy contenta con estos tres días de festival. Ha sido una experiencia nueva y sobre la que he quedado muy satisfecha. Me llevo unos cuantos grupos nuevos al repertorio, y sobre todo, he disfrutado de unas horas para mí misma y de distracción y evasión que me han llenado de energía renovada, al menos para unos cuantos días.

Festival Cruïlla 2016 -2a parte

El sábado me costó muchísimo levantarme, estaba agotada, pero bueno, con esfuerzo me levanté. Lamentablemente no tuve demasiado tiempo. Quería ir a visitar a mi padre durante la mañana ya que el día anterior no fui pero se me echó el tiempo encima. Me levanté tarde, tenía que pasear a los perros, ducharme e ir a trabajar.

Salí un poco antes del trabajo, una hora antes, para que me diese tiempo de volver a casa a cambiarme, pasear a los perros y cenar un poco antes de ir al festival. Una vez lo hice para allá que nos fuimos.

El primer concierto que tocaba y al que tenía también bastantes ganas de ir era el de Alabama Shakes. No los conocía, un par de días antes, el jueves o el viernes, busqué un poco de info por yutub y me pareció interesante aunque no consideraba que tuviesen ‘temazos’.

Como con el concierto de Vetusta, nos situamos un poco alejados de la multitud y asistimos al concierto. Ciertamente, en lo que a calidad musical se refiere, creo que Alabama Shakes se llevan el premio al mejor directo. La cantante, que tiene ese aspecto de ‘mama’ negra de Alabama, equipada con su guitarra, dio una lección de música de calidad. De amor por la música, de sentimiento y de verdad, de sinceridad, sobre el escenario. Un monstruo escénico se podría decir, como se suele decir. Una delicia de concierto. Me sentí satisfecha por haber comprado las entradas para los tres días, en lugar de sólo para el viernes, como era mi primera intención. Junto con los conciertos de ayer estaba más que satisfecha.

El tatuaje es el estado de Alabama?

Os dejo también el link a la web de RTVE donde está colgado el audio del concierto al que asistí.

Una vez finalizado, nos dirigimos al siguiente, la leyenda viva Robert Plant, el que fue el cantante de Led Zeppelin.

Sentí un escalofrío en cuanto lo vi aparecer en el escenario. No podía creer que pudiese ver a semejante peso pesado de la música en vivo y en directo. Ciertamente se nota el peso de los años (a pesar, valga la redundancia) de que no es tan mayor. Ahora se dedica a tocar rock con mezcla de música digamos étnica, pero tampoco demasiado. No fue un concierto memorable, pero valió la pena sólo por verle a él. Además que nos regaló un par de canciones de Led Zeppelin, cosa que en la vida hubiese imaginado que podría ser testigo de algo así en directo.

Nos llamó la atención el cambio de ambiente del público de un día para otro, así como el día anterior la mayoría de asistentes era gente joven, entre veintipocos a trentaipocos, el sábado había poco pimpollo y más pureta, gente de mi edad en adelante en su mayoría. Los del viernes iban vestidos muy veraniegos (hacía mucho calor) y muchas de las chicas las vi con ornamentos digamos hippies: flores en la cabeza, pinturas en la cara, vestidos largos… El sábado me llamó la atención la cantidad de jeviolos de melena larga, camiseta negra con el logo de Led Zeppelin y pantalones piratas. Estaba claro quién dominó cada día, el viernes Crystal Fighters, que es como una versión actualizada de The Mamas and the papas, y el sábado por Robert Plant. No me sentí fuera de lugar en ninguno de los dos casos por suerte.

Hicimos un break a mitad de concierto de Robert y nos fuimos a por una hamburguesa en la zona de los food trucks. La compramos en el mismo sitio donde habíamos comprado el día anterior las bravas al salir. Tenían muy buena pinta, así que no dudamos en ir a esa. Todos los food truck iban a tope de trabajo. Cada uno ofrecía una cosa pero todos estaban solicitados. Donde las compramos nosotros, dentro de la caravana habían creo que cuatro personas trabajando; el chaval que tomaba nota de los pedidos y tres más en cocina haciendo las hamburs con la plancha y las freidoras al 100% de rendimiento. Nos llamó la atención la cantidad de humo que salía de la plancha, la tenían al máximo. Pensé que estarían deshidratados entre el calor que debía hacer allí dentro y el calor ambiente que hacía fuera.

Una vez con las zamburs en la mano, nos acercamos al concierto de Robert y nos sentamos en el suelo a comerlas mientras escuchábamos. Estábamos a mitad de camino entre la zona que estaba habilitada para comer, llena de mesas y sillas junto a los food trucks, y la zona donde ya podías disfrutar del concierto de Robert. En estas que de pronto, la gente que estaba en la zona de ‘comida’ comenzó a gritar ‘ueeeeeeeee!!!’. Que raro! pensé, porque en esa zona no hay conciertos y de hecho ni se oye la música. Pensé que quizá alguno de los artistas estaba por la zona y la gente les estaba saludando. Había muchedumbre, demasiada incluso para un festival, cuando me di cuenta que había una enorme bola de humo invadiendo la zona de comer. Extrañada, seguí la estela del humo para ver de donde provenía. Cómo no! Provenía de la caravana donde acabábamos de comprar las hamburguesas, que se había incendiado. Llegué a ver llamas en la parte superior de la caravana, por encima de la chapa. No me lo podía creer. Miraba de lejos como los chavales apagaban el fuego con los extintores, mientras iba pegando bocados a mi hamburguesa y las bravas que acababa de comprar allí y que era de lo último que hicieron. Durante un rato olvidé que a mi derecha estaba tocando Robert Plant. Por suerte, el incendio no fue a más, pudieron apagarlo rápido, pero lamentablemente el festival se terminó en ese momento para los chavales de la caravana; una vez extinguido el fuego la caravana cerró y ya no volvió a abrir más.

No pasó mucho rato más y el concierto finalizó. Un gustazo haber podido ver a Robert Plant. Nos fuimos al siguiente, Love of Lesbian.

Se dice mucho por internet que Love of Lesbian hacen demasiados conciertos. Hace pocos días, los del Mundo Today sacaron esta noticia en la que decían que se estrena el primer festival ‘Sin Love of Lesbian fest’, el festival donde no está Love of Lesbian. Es muy gracioso, pero bueno, yo no había tenido la ocasión de verlos en concierto, así que me hacía mucha ilusión.

A estas alturas estábamos ya algo cansados y aguantábamos poco rato de pie para ver los conciertos, así que nos fuimos a la zona de césped a verlo desde allí sentados. Tenía entendido que los conciertos de Love of Lesbian suelen ser bastante divertidos, así que tenía ganas, además que hay algunas de las canciones que me gustan bastante. Quien venía conmigo creo que no le gustó demasiado, las canciones se le hacían algo pesadas con tanta letra relativamente poco trabajada y poco estribillo. A mí me pasaba lo mismo con las canciones que no conocía, pero las que sí las canté de pe a pa como una fan más de John Boy (guiño guiño). Tampoco fue un concierto memorable, pero no me desagradó. Quizá sí que se me hizo un pelín largo, pero nada importante. El resto de la gente que estaba a nuestro alrededor sí que parecían dar fe de lo que dice internet, daba la sensación que estaban pensando ‘fua, otra vez Love of Lesbian’, a medida que iban pasando las canciones cada vez más gente se iba tumbando en el césped e iban quedando dormidos.

El siguiente concierto era de Skunk Anansie. Tuve que mirar por yotube de nuevo para ver qué tal y resulta que ya conocía al grupo de hace unos cuantos años atrás, solo que no es un grupo que siguiese. Aun así me hacía ilusión verlos, aunque fuese un rato. Nos quedamos al principio de concierto. Skin, la cantante, tiene una energía arrolladora y eso que tiene casi 50 tacos. Es muy muy delgada y se conserva de lujo, podrías decir que tiene 27 y te lo crees sin pestañear.

Tuvo un momento de fama, hará como unos quince años atrás, cuando sacó un disco en solitario. Sacó una canción que a mí me gustaba mucho por aquel entonces y a la que podía la cantaba:

Me suena además que esta canción se usó en un anuncio de coches de la época, aunque no estoy segura. La parte del anuncio creo que es la que es a partir del 2:43.

Comenzó muy potente el concierto con una canción que no conocía y no conozco, pero muy hard. A mi acompañante no le acabó de gustar. A mí sí hehe.

Me hubiese gustado quedarme a todo el concierto, pero ya era bastante tarde y mi acompañante no le acababa de gustar Skunk, así que nos fuimos, no sin antes poder yo cantar esta otra canción (el estribillo solo):

 

Día dos de festival finalizado. A estas alturas, además de sentirme muy satisfecha por haber venido al festival, tenía la sensación de que había estado 5 días de vacaciones.

Festival Cruïlla 2016 – 1a parte

El pasado mes de abril compré unas entradas para el Festival Cruïlla que estaba previsto celebrarse los días 8, 9 y 10 de julio en Barcelona.

A pesar de que el cartel no me llamaba especialmente la atención, no había asistido nunca a un festival de música y me apetecía probar la experiencia. Ya van varios años en los que he lamentado mucho no haber asistido al Primavera Sound, que tiene un cartel espectacular. Pero hasta ahora o bien no tenía con quien ir o bien, cuando he querido comprar las entradas he llegado tarde y ya estaban agotadas. El de este año me ha fastidiado especialmente porque habían muchos grupos en los que estaba interesada. El cruïlla fue un premio de consolación.

Cuando compré las entradas, mis familiares estaban más o menos bien de salud, así que no iba a haber problema, pero han llegado las fechas y me ha tocado de pleno en un momento delicado. Además de que últimamente me siento agotada sobretodo físicamente. Igualmente decidí ir. Primero porque ya tenía las entradas y no habían sido baratas y segundo porque tampoco me viene mal desconectar un poco.

El viernes pasado, cuando comenzó el festival, fue un día en el que estaba especialmente cansada. Había dormido muy mal durante toda la semana, no solo por el calor, me había dormido tres días seguidos a la hora de irme a trabajar (por suerte no me lo tienen en cuenta y saben cómo voy) y me sentía agotada físicamente. Aún así, reuní valor para decir a mi familia que ese día no podría ir a visitar a mi padre (he estado yendo todos los días desde hace dos meses con pocas excepciones) a lo cual me dieron su beneplácito, cosa que me hizo sentirme más aliviada, y puse rumbo al Fòrum.

Curiosamente, nada más llegar a la entrada me sentía más despejada. El festival abría puertas a las 6 de la tarde, pero fui algo antes de las 10 de la noche, pues no me era posible ir antes.

Lo primero que me impactó fueron los ‘mochilaman’, unos empleados, decenas de ellos, que cargaban a la espalda un barril de cerveza y la vendían ambulantemente. El cruïlla si no me equivoco es un festival propio de la Damn, así que todo estaba invadido por la marca. Una vez equipada con el primer vaso, nos dirigimos al primer concierto que teníamos previsto asistir que fue el de Bunbury.

Realmente no soy fan de Bunbury y apenas conozco su repertorio en solitario, pero me hacía gracia verlo en vivo, no deja de ser una leyenda de la música española. No asistí a todo el concierto, estuve un ratito y con tiempo nos preparamos para el siguiente concierto por el cual realmente fue el motivo por el que compré las entradas. A pesar de eso, creo que lo poco que vi estuvo bien. Durante ese rato me faltó escuchar alguna canción de Héroes del Silencio, que me hacía ilusión, pero no fue así. Días más tarde me enteré que sí tocó un par de canciones de Héroes lo cual me dio mucha rabia habérmelo perdido, pero no pasa nada.

Como decía, con tiempo nos fuimos a coger sitio para el siguiente concierto, que era el de Crystal Fighters. Fue el grupo por el cual decidí comprar las entradas. Los conocía un poco (tienen sólo un par de discos) y creí que serían un concierto guay.

Vaya si lo fue. Me lo pasé bomba. Tienen una música alegre y veraniega con un pequeño toque electrónico. Estaba cerca de las primeras filas y además estábamos rodeados de pimpollos pegando brincos. Yo también salté y grité cual quinceañera a pesar de que no me conozco bien los temas. Fue un concierto muy divertido, muy alegre. Mucha energía positiva. Por un rato me olvidé de todo. Además lanzaron las típicas pelotas de playa gigantes entre el público. Me sentía como una adolescente, hehe. Estuve un buen rato vigilando la pelota a ver si la podía golpear, pero me vio ella a mi primero y en una de esas en las que estaba yo absorta mirando el escenario una gran bola de plástico rebotó sobre mi cabeza. Cómo no. la única pega que le puedo poner al concierto, a parte de los caraduras que se cuelan, fue que el sonido no era especialmente bueno. Se escuchaba bien la música, pero muy mal las voces de los cantantes. Aún así no deslució el espectáculo.

Acabó el concierto y pusimos rumbo al siguiente, Vetusta Morla. Antes de llegar paramos a otra mochilawoman. Nos preguntó qué tal el concierto, le dijimos que bien y nos respondió que ya se notaba porque llevábamos una sonrisa enorme en la cara. Que maja!

A Vetusta ya los había visto en concierto, allá por 2009 en el Razz. Un concierto que nos encantó, de los mejores a los que he asistido, en el que presentaban su primer álbum, el único bueno. En esta ocasión decidimos quedarnos más alejados de la muchedumbre, pues las canciones nuevas no son tan buenas y como ya los habíamos visto anteriormente no consideramos necesario estar entre la multitud.

Por suerte también tocaron varios temas de los buenos, a los que pude cantar a grito pelao. Lo bueno de los festivales o conciertos es que te puedes desgañitar cantando que no se escucha, así que guay.

Con Vetusta volvieron a haber problemas de sonido. Al pobre cantante se le estropeó el micro a mitad de concierto. Primero se le escuchaba entrecortado. Él se dio cuenta de lo que sucedía e intentó quitarse la petaca sin dejar de cantar, pero el pobre, se puso muy muy nervioso, lo pudimos ver bien porque lo estaban enfocando y transmitiendo por las pantallas gigantes y veías cómo le temblaban las manos. Me dio mucha pena, pero pudo continuar la canción. La siguiente canción dejó de escucharse el sonido del cantante, pero sí de la banda. Un par de canciones deslucidas, luego todo volvió a la normalidad.

Fin del concierto de Vetusta. Decidimos que mejor nos íbamos ya, pues era tarde y los siguientes artistas no los conocíamos y tampoco nos llamaban la atención. Escuchamos unos minutos el principio del siguiente grupo, pero decidimos irnos. De salida compramos unas bravas caseras en uno de los puestos de food trucks que había en la entrada. Esta gente hacía también hamburguesas que tenían muy buena pinta, pero ese día no tocaba comprarlas.

Llegué a casa sobre las tres de la mañana. En ningún momento sentí cansancio ni sueño, pero en cuanto llegué y me senté en el sofá empecé a quedarme dormida. Me fui a la cama inmediatamente, aún me quedaban dos días de festival.