Festival Cruïlla 2016 – 1a parte

El pasado mes de abril compré unas entradas para el Festival Cruïlla que estaba previsto celebrarse los días 8, 9 y 10 de julio en Barcelona.

A pesar de que el cartel no me llamaba especialmente la atención, no había asistido nunca a un festival de música y me apetecía probar la experiencia. Ya van varios años en los que he lamentado mucho no haber asistido al Primavera Sound, que tiene un cartel espectacular. Pero hasta ahora o bien no tenía con quien ir o bien, cuando he querido comprar las entradas he llegado tarde y ya estaban agotadas. El de este año me ha fastidiado especialmente porque habían muchos grupos en los que estaba interesada. El cruïlla fue un premio de consolación.

Cuando compré las entradas, mis familiares estaban más o menos bien de salud, así que no iba a haber problema, pero han llegado las fechas y me ha tocado de pleno en un momento delicado. Además de que últimamente me siento agotada sobretodo físicamente. Igualmente decidí ir. Primero porque ya tenía las entradas y no habían sido baratas y segundo porque tampoco me viene mal desconectar un poco.

El viernes pasado, cuando comenzó el festival, fue un día en el que estaba especialmente cansada. Había dormido muy mal durante toda la semana, no solo por el calor, me había dormido tres días seguidos a la hora de irme a trabajar (por suerte no me lo tienen en cuenta y saben cómo voy) y me sentía agotada físicamente. Aún así, reuní valor para decir a mi familia que ese día no podría ir a visitar a mi padre (he estado yendo todos los días desde hace dos meses con pocas excepciones) a lo cual me dieron su beneplácito, cosa que me hizo sentirme más aliviada, y puse rumbo al Fòrum.

Curiosamente, nada más llegar a la entrada me sentía más despejada. El festival abría puertas a las 6 de la tarde, pero fui algo antes de las 10 de la noche, pues no me era posible ir antes.

Lo primero que me impactó fueron los ‘mochilaman’, unos empleados, decenas de ellos, que cargaban a la espalda un barril de cerveza y la vendían ambulantemente. El cruïlla si no me equivoco es un festival propio de la Damn, así que todo estaba invadido por la marca. Una vez equipada con el primer vaso, nos dirigimos al primer concierto que teníamos previsto asistir que fue el de Bunbury.

Realmente no soy fan de Bunbury y apenas conozco su repertorio en solitario, pero me hacía gracia verlo en vivo, no deja de ser una leyenda de la música española. No asistí a todo el concierto, estuve un ratito y con tiempo nos preparamos para el siguiente concierto por el cual realmente fue el motivo por el que compré las entradas. A pesar de eso, creo que lo poco que vi estuvo bien. Durante ese rato me faltó escuchar alguna canción de Héroes del Silencio, que me hacía ilusión, pero no fue así. Días más tarde me enteré que sí tocó un par de canciones de Héroes lo cual me dio mucha rabia habérmelo perdido, pero no pasa nada.

Como decía, con tiempo nos fuimos a coger sitio para el siguiente concierto, que era el de Crystal Fighters. Fue el grupo por el cual decidí comprar las entradas. Los conocía un poco (tienen sólo un par de discos) y creí que serían un concierto guay.

Vaya si lo fue. Me lo pasé bomba. Tienen una música alegre y veraniega con un pequeño toque electrónico. Estaba cerca de las primeras filas y además estábamos rodeados de pimpollos pegando brincos. Yo también salté y grité cual quinceañera a pesar de que no me conozco bien los temas. Fue un concierto muy divertido, muy alegre. Mucha energía positiva. Por un rato me olvidé de todo. Además lanzaron las típicas pelotas de playa gigantes entre el público. Me sentía como una adolescente, hehe. Estuve un buen rato vigilando la pelota a ver si la podía golpear, pero me vio ella a mi primero y en una de esas en las que estaba yo absorta mirando el escenario una gran bola de plástico rebotó sobre mi cabeza. Cómo no. la única pega que le puedo poner al concierto, a parte de los caraduras que se cuelan, fue que el sonido no era especialmente bueno. Se escuchaba bien la música, pero muy mal las voces de los cantantes. Aún así no deslució el espectáculo.

Acabó el concierto y pusimos rumbo al siguiente, Vetusta Morla. Antes de llegar paramos a otra mochilawoman. Nos preguntó qué tal el concierto, le dijimos que bien y nos respondió que ya se notaba porque llevábamos una sonrisa enorme en la cara. Que maja!

A Vetusta ya los había visto en concierto, allá por 2009 en el Razz. Un concierto que nos encantó, de los mejores a los que he asistido, en el que presentaban su primer álbum, el único bueno. En esta ocasión decidimos quedarnos más alejados de la muchedumbre, pues las canciones nuevas no son tan buenas y como ya los habíamos visto anteriormente no consideramos necesario estar entre la multitud.

Por suerte también tocaron varios temas de los buenos, a los que pude cantar a grito pelao. Lo bueno de los festivales o conciertos es que te puedes desgañitar cantando que no se escucha, así que guay.

Con Vetusta volvieron a haber problemas de sonido. Al pobre cantante se le estropeó el micro a mitad de concierto. Primero se le escuchaba entrecortado. Él se dio cuenta de lo que sucedía e intentó quitarse la petaca sin dejar de cantar, pero el pobre, se puso muy muy nervioso, lo pudimos ver bien porque lo estaban enfocando y transmitiendo por las pantallas gigantes y veías cómo le temblaban las manos. Me dio mucha pena, pero pudo continuar la canción. La siguiente canción dejó de escucharse el sonido del cantante, pero sí de la banda. Un par de canciones deslucidas, luego todo volvió a la normalidad.

Fin del concierto de Vetusta. Decidimos que mejor nos íbamos ya, pues era tarde y los siguientes artistas no los conocíamos y tampoco nos llamaban la atención. Escuchamos unos minutos el principio del siguiente grupo, pero decidimos irnos. De salida compramos unas bravas caseras en uno de los puestos de food trucks que había en la entrada. Esta gente hacía también hamburguesas que tenían muy buena pinta, pero ese día no tocaba comprarlas.

Llegué a casa sobre las tres de la mañana. En ningún momento sentí cansancio ni sueño, pero en cuanto llegué y me senté en el sofá empecé a quedarme dormida. Me fui a la cama inmediatamente, aún me quedaban dos días de festival.

 

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