Depresión

Hace unos años, en verano de 2012, pasé muy malos momentos; me atrevería a decir que los peores que he llegado a pasar nunca y del que todavía arrastro muchas cosas. Poco a poco me vi inmersa en lo que se llama depresión.

No apareció del golpe, se venía gestando desde hace mucho tiempo atrás. Probablemente es el resultado de un cóctel compuesto por una manera de ser determinada, una sensibilidad extrema, y una mala gestión de las emociones. Todo aquello estaba latente y sólo era necesario un pequeño empujón de cosas negativas para que estallase la bomba.

Durante gran parte de mi vida, sin saberlo, estuve luchando por no caer en ello. Desde muy pequeña sabía que tenía que luchar contra lo que yo llamaba locura. Cada día tenía a la locura presente, estaba a mi lado como mi propia sombra, acechándome. Sin saberlo, la mantenía a raya. Tenía que poner distancia entre ella y yo, porque si llegaba a abrazarme sabía que caería en la locura.

Muchas veces soñaba despierta y pensaba cómo serían las situaciones que yo había controlado si me hubiese dejado llevar por lo que yo consideraba locura. Inmediatamente sentía como una descarga eléctrica recorriendo mi cuerpo y me invadía una sensación de alerta máxima. Es como si te encontrases frente a frente a un león que te mira fijamente y está en posición de preataque. En ese momento te invade una ducha de energía que te pone en alerta. Las pulsaciones se disparan, los músculos están listos para dar lo máximo de su capacidad. Tienes la sensación de que te quieres poner a correr en ese momento y además sabes que si lo haces podrías batir todos los récords de velocidad. La visión se nubla, como si de repente surgiese una niebla que lo envuelve todo y tiñe de gris todo lo que alcanzas a ver.

La peor parte para mí, por eso, era la sensación de que ‘se me iba la cabeza’, casi literalmente. Como si perdiese el control sobre mi cuerpo, la cabeza se ladeaba y la mirada se va hacia arriba. Ese era el punto exacto de pérdida de control y donde la locura aprovechaba para adueñarse de mi. Como si de una posesión se tratase, ya no era yo quien controlaba mi cuerpo, era la locura que tomaba los mandos, ella decidía que movimientos hacer, que decisiones tomar, controlaba mi mirada, mis manos, mis ojos y mi lenguaje.

Hacer estos ejercicios me ayudaban a mantener a raya la locura.

Empezó muy pronto cuando tenía unos 8 o 9 años, probablemente antes, aunque nunca lo identifiqué como depresión; para mí era lo normal, era mi forma de ser. Interiormente le puse el nombre de malas rachas; nunca lo comenté con nadie así que yo sola tenía que ponerle nombre. A partir de entonces empezaron los ciclos de malas rachas.

Las malas rachas aparecían de tanto en tanto, nunca conté el tiempo que duraban ni el espacio de tiempo entre unas y otras. Normalmente pasaban muchos meses entre mala racha y mala racha, tiempo durante el cual me sentía más o menos bien, más bien que mal. Las malas rachas no recuerdo que fuesen de larga duración, pero como digo nunca lo conté porque para mí era lo normal. Y sobre todo no les daba mucha importancia.

Cuando llegaba un tiempo de mala racha durante semanas me encontraba mal y lloraba sin motivo alguno. Durante mi infancia, y en realidad toda mi vida, he estado muy sola siempre, así que cuando estaba en casa, me encerraba en el baño o en mi habitación y lloraba desconsoladamente sin saber porqué. Nadie nunca supo nada y no creo que lo intuyesen pues nunca me dijeron nada; o bien si lo veían pero actuaron con pasividad. No recuerdo ningún momento en el que alguien de mi familia se sentase conmigo y me preguntase cómo estaba, simplemente cada uno iba a lo suyo y hacía lo que se supone que debían hacer, aunque, je, creo que lo más importante por encima del trabajo o la casa es cuidar de tu familia y procurar que los miembros de la familia estén bien es primordial por encima de todo.

Muy rápidamente me volví una persona taciturna. La alegría que en realidad me caracteriza, aunque nadie lo diría, se esfumó. Estaba siempre seria y/o de mal humor. Hacía lo que tenía que hacer, era una buena estudiante y no di problemas en casa, siempre me he portado bien, nunca he hecho gamberradas, siempre he cuidado mucho del dinero siendo muy responsable, nunca pedía nada y a la que tuve algo de dinero ahorrado, con 16 años, mis padres dejaron de pagarme los gastos. Los libros de instituto los compraba yo con mi dinero, la ropa me la compraba yo con mi dinero, cualquier gestión que tuviese que hacer me lo hacía yo misma. Ellos me proporcionaban techo y alimento, pero poco más. Me convertí en una autómata y seguí el camino de lo que se supone que tenía que hacer.

Las malas rachas iban y venían y nunca les di mayor importancia, cuando se acababa una pensaba que, eso, era una mala racha y ya está, que ahora estoy bien y ‘palante. Pero con el tiempo volvía a venir otra. Y cada nueva mala racha que llegaba era peor que la anterior.

Pronto se instaló en mi el concepto de muerte. No era un pensamiento obsesivo, pero la tenía presente siempre. Lo malo de esto es que no era un pensamiento que yo buscase, si no que aparecía de pronto en mi cabeza. Normalmente aparecía cuando me acostaba en la cama para irme a dormir. Me tumbaba, me tapaba, apagaba la luz y rápidamente mi mente empezaba a crear historias en las que acababa muriendo. Otras veces moría algún miembro de mi familia o morían todos. Inevitablemente comenzaba a llorar a moco tendido. Así hasta que me quedaba dormida, así cada noche.

No por ello le cogí miedo a la muerte, yo seguía mi vida de manera normal y durante el día todo iba más o menos bien. Quizá me hizo ser algo más consciente de ella. Todos sabemos que moriremos en un momento u otro, pero la gente no la suele tener presente; en mi caso cualquier suceso en mi vida cotidiana que saliese un poco fuera de lo normal automáticamente lo relacionaba con la muerte. Si un familiar llegaba algo más tarde de lo normal a casa pensaba que habría muerto por el camino, que lo habrían atropellado en un descuido, que un loco le hubiese atacado sin motivo alguno, que se hubiese desplomado de golpe.

Continuará..

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