Archivos Mensuales: octubre 2016

Arkano 2

Lo consiguió. Con un récord de 24h 34 min y 27 segundos.

Mi más sincera enhorabuena.

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Arkano

No soy muy fan del rap y hip hop, de hecho no sé la diferencia. He visto algunas peleas de gallos por internet que me resultan muy interesantes.

Las peleas de gallos consisten en dos raperos (o mc’s o como se llamen) que se pelean verbalmente por turnos. Todo improvisado. La esencia de las peleas de gallos es la improvisación y hacer unas buenas rimas y réplicas.

Tenemos un chaval de Alicante, creo que tiene 22 años, que ha ganado diversas batallas a nivel nacional y es el actual campeón internacional*. Lleva compitiendo desde los 15. Y no es un rapero al uso, con movimientos violentos y ropas holgadas, al contrario. Tiene 22 pero aparenta 14, es rechonchillo y tiene cara de niño bueno (y parece realmente un niño bueno). Viste normal, en la vida dirías que se dedica a esto.

*Las competiciones internacionales en español participan chicos principalmente, también alguna chica hay por ahí, tanto de españa como de centro y sudamérica.

Este chico llamado Guillermo, que se hace llamar Arkano, ha decidido batir el récord del mundo de freestyle (rapear improvisando) que actualmente está en 24h y 15 min.

Si me estás leyendo Arkano ahora mismo está improvisando en la Plaza del Sol de Madrid. Empezó ayer a las 17h de la tarde. Son las 8:45, de manera que lleva 15h y 45 min improvisando sin parar. No sólo eso, si no que además sólo puede hacer pausas de máximo 3 segundos. Lo están retransmitiendo en streaming, lo puedes ver aquí:

http://www.redbull.tv/live/AP-1PTK3A9MN1W11/arkano-24-h

A pesar de que no soy fan de este tipo de música, puedo apreciar el gran esfuerzo y talento que esto requiere. Me parece admirable y por mi parte tiene toda mi admiración por lo que está haciendo. Esta entrada es un pequeño homenaje a esta persona.

A veces admiramos a algunos deportistas por ganar campeonatos y competiciones y somos conscientes del esfuerzo que requiere, pero me da la sensación que se nos olvidan otros tipos de talentos.

Lamentablemente no puedo ver las 24h seguidas, de hecho me he ido a dormir, pero llevo muchas horas enganchada al canal. Los primeros 20min pensé que no sería capaz de llegar a las 24h, pero a medida que han pasado las horas se ha mantenido al nivel sin parar. Cuando me he levantado por la mañana me he vuelto a conectar y he flipado porque lleva 16 horas y sigue a tope.

Lo consiga o no (aún le quedan 8 horas) mi más sincero aplauso por el talento y el esfuerzo del chaval, me hace sentir orgullosa.

Enhorabuena, Arkano.

Un universo donde sólo hay un tío que está lejos y grita cumplidos

Extraído de la RAE:

 

Melancolía:

       1. f. Tristeza vaga, profunda, sosegada y permanente, nacida de causas físicas o morales, que hace que quien la padece no encuentre gusto ni diversión en nada.

Languidez:

       2. f. Belleza enfermiza.

 

Extraño:

       2. adj. Raro, singular.

       3. adj. Dicho de una persona o de una cosa: Que es ajena a la naturaleza o condición de otra de la cual forma parte. U. t. c. s. Pedro es un extraño en su familia.

       4. adj. Que no tiene parte en algo. Juan permaneció extraño a aquellas maquinaciones.

       5. m. Movimiento súbito, inesperado y sorprendente.

 

Vacío:

       1. adj. Falto de contenido físico o mental.

       4. adj. Hueco, o falto de la solidez correspondiente.

       6. adj. p. us. Vano, sin fruto, malogrado.

       7. adj. p. us. Ocioso, o sin la ocupación o ejercicio que pudiera o debiera tener.

       10. m. Abismo, precipicio o altura considerable.

       12. m. Falta, carencia o ausencia de alguna cosa o persona que se echa demenos.

       13. m. Fís. Espacio carente de materia.

                   caer en el vacío lo que se dice o se propone

                            1. loc. verb. coloq. No tener acogida.

                   de vacío

                           3. loc. adv. Sin haber conseguido lo que se pretendía. Irse, volver de vacío.

Surrealista:

       3. adj. Irracional o absurdo

 

Romanticismo:

      1. m. Movimiento cultural que se desarrolla en Europa desde fines del siglo XVIII y durante la primera mitad del XIX y que, en oposición al Neoclasicismo, exalta la libertad creativa, la fantasía y los sentimientos.

      4. m. Sentimentalidad excesiva.

 

Fascinación:

       1. f. Engaño o alucinación.

       2. f. Atracción irresistible.

 

En mi búsqueda personal por saber quién soy, no dejo de buscar adjetivos que me definan. Después de muchos años auto examinándome mentalmente e intentando ser lo más sincera conmigo misma que me fuese posible, acabo llegando siempre a las mismas conclusiones. Y no sólo eso, si no que además los demás también me acaban definiendo de la misma manera.

Para ellos la definición es mucho más sencilla, simplemente ‘eres rara’.

Durante mucho tiempo era una definición que me molestaba, pues de alguna manera llamar raro a alguien es como apartarlo del grueso de la gente, de lo que opina la mayoría, la que tiene ideas a contracorriente o fuera de lo que los demás si quiera se hubiesen planteado. No formar parte del grupo. Y eso me dolía pues yo sólo quería ser una más. Sin embargo,  nunca he sido capaz de dejar de lado lo que realmente me llena para formar parte de un grupo mayor. Simplemente era y es algo inalcanzable para mí.

Y es algo de lo que realmente me siento orgullosa. No soy capaz de adaptarme a la masa, tengo mi propio pensamiento y mis gustos y no corresponden con la mayoría. Tengo propensión a confrontarme al superior, sea en el ámbito que sea, siempre porque considero que está equivocado y tengo fundamentos en los que basarme, no porque quiera ‘derrocar’ al poder.

Así que cuando alguien me dice ‘es que eres un poco…rara…tienes unos gustos un tanto extraños…’ realmente me alegran el día.

Sí, es posible que tener gustos diferentes me supongan un gran handicap en cuestión de encontrar gente con la que compartirlos, pero tampoco me preocupa demasiado, aunque lo deseo tanto…

De todas formas, disfruto de mi rareza como la que más. Cuando soy capaz de alejarme de la masa y regodearme en lo que me gusta cual cochino en el barro, siento casi una felicidad plena.

De alguna manera, el arte y/o la cultura están presentes en mi cabeza continuamente y es ahí donde busco lo raro. Es ahí donde el alma se me llena y mi coranzoncito se regocija. Y si por casualidades de la vida, sucede algo ‘raro’ en la vida real, entonces me siento más viva que nunca. Es la piedra en el zapato de la que hablaba en un post más antiguo.

Voy a dejar algunos ejemplos.

En cuanto a la música. Me gusta casi todo, pero hay un grupo al que no dejo de volver una y otra vez. Nunca me defrauda lo que escucho, siempre encuentro nuevas lecturas, siempre me transportan a sitios nuevos. Unas muestras de lo que para mí es languidez, melancolía y vacío:

 

 

 

Un ejemplo clarísimo de languidez, extrañeza, surrealismo y fascinación:

 

Una película que vi de adolescente y aunque no la tenía en VHS tuve la suerte de que la echaran por la tele varias veces y la pude ver en repetidas ocasiones. A pesar de que la película quizá no va sobre eso, no podía dejar de llorar mientras la veía, aún sigo sin saber porqué:

El cuervo, ciudad de ángeles

cuervo

 

Un ejemplo de surrealismo, extrañeza, fascinación y melancolía. Me quedo totalmente enganchada al vídeo cuando lo veo:

 

Melancolía, romanticismo:

noche.jpg

 

Hace años, pasé unas vacaciones de verano por la costa brava. Entre otras cosas fuimos un día a Figueres a ver el museo Dalí, que como podrás imaginar querido lector, me encanta. Después de muchas horas envuelta en surrealismo, dimos una vuelta por Cadaqués y pasamos por los alrededores de la casa de Dalí. En un momento dado se hizo el silencio, miré a mi alrededor y no podía creer lo que veía. En realidad, no estaba sucediendo nada, ni vi nada extraño, pero el paisaje que nos rodeaba era extraño. Sin haber salido de la realidad ni a ningún universo paralelo, de pronto nos vimos sumergidos en un cuadro de Dalí. El paisaje que nos rodeaba era exactamente igual a los paisajes que aparecían en sus cuadros, una llanura extensa sin nada en el horizonte, de color marrón claro y algo de verde apagado. Se hizo el silencio y por un momento quedamos completamente desorientados, no había salida en la nada que nos rodeaba.

No recuerdo cómo conseguimos salir de allí. Lo siguiente que recuerdo es estar tumbada en la playa de Roses, con una sensación extraña en el cuerpo. Mi cuerpo estaba en la playa, pero mi mente estaba nublada. Decidí meterme en el agua.

Era por la tarde, ya no era hora de estar en la playa, no hacía demasiado calor pero el agua era agradable. El mar estaba en calma. Yo seguía con mi cabeza en otro sitio. Iba avanzando mar adentro, pero el agua no cubría. En un momento dado me di cuenta de que había una persona hablándome desde hacía rato, pero no era consciente de que me hablaba, había escuchado su voz como quien escucha a la gente hablar estando tú bajo el agua, solo que yo no estaba sumergida, el agua sólo me llegaba hasta la cintura.

Me di la vuelta y había una niña pequeña, de unos 6 o 7 años hablándome directamente. Pero no sabía qué me estaba diciendo. Hablaba en francés. A pesar de que ella vio claramente que no la entendía y mi cara estaba desencajada, no dejó de hablarme. Tenía un tono de voz suave y dulce y era angelical, no correspondía con un niño de su edad, hablaba prácticamente en susurros, muy suave. Tenía una seguridad en sí misma pasmosa. No dejaba de mirarme a los ojos con toda la confianza del mundo, como si me conociera perfectamente. Tenía una leve sonrisa, pero no sarcástica, solo me transmitía paz. Ella siguió hablándome y yo no podía dejar de mirarla, me sentía de piedra, no podía moverme. Entonces, extendió su brazo hacia mí. Tenía el puño cerrado hacia arriba. Dejó de hablar, pero no de mirarme y de sonreír dulcemente. Abrió la mano, y en ella tenía una minúscula caracola.

Era muy pequeña, casi como un grano de arroz, sin embargo era perfecta, armoniosa. Me cogió del brazo, me lo extendió y abrió mi mano. Depositó la caracola en mi palma. Yo seguía inmóvil y no podía dejar de mirar la caracola. Me la acerqué a los ojos para verla mejor, la examiné todo lo que pude. La dejé de nuevo en mi mano y cerré el puño con fuerza. Al levantar la vista la niña había desaparecido.

Emprendí el camino hacia mi toalla, con la caracola en la mano fuertemente cerrada. Me tumbé boca abajo y seguí mirando la caracola, sin entender el significado de nada de lo que estaba sucediendo. En un momento dado, levanté la vista y la niña estaba a unos metros de mí con su madre, me seguía mirando fijamente con aquella sonrisa de quién todo lo sabe y habló en susurros. Siguió hablándome a metros de mí, yo no podía escucharla porque estaba lo suficientemente lejos para no oírla. Cuando acabó de hablar me dedicó otra sonrisa y se dio la vuelta.Yo me quedé mirando la caracola un buen rato, sin saber el significado, sin saber el propósito. Tenía claro que debía llevarme la caracola conmigo, pero finalmente decidí que la caracola debía estar donde pertenece, así que la dejé en la arena y removí la arena para que desapareciera.

Es uno de los momentos más fascinantes que he tenido en la vida. Todo era extraño, todo estaba fuera de lugar, todo era fascinante, captó toda mi atención, en el aire había una sensación extraña, de aparente tranquilidad, en realidad de una tranquilidad incómoda, mucho silencio. Uno de los recuerdos más vivos que tengo.

 

Belleza:

1. f. Cualidad de bello.

1. adj. Que, por la perfección de sus formas, complace a la vista o al oído y, por ext., al espíritu.

¿Nos gobernamos a nosotros mismos?

Sin haberlo meditado primero, como casi todo lo que hago, he apartado a toda la gente cercana a mí y que quiero, quedándome solamente con mi hermano como persona con la que tengo contacto y a mis perros.

No ha sido algo paulatino; ciertamente no ha ocurrido el mismo día ni la misma semana, pero en un período menor de dos meses el impulso me ha hecho alejarme de todos.

No ha sido planificado ni se me había pasado previamente por la mente a modo de fantasía. Simplemente ha ocurrido y extrañamente no me siento mal por ello, a pesar de que la última de mis intenciones es hacer daño a nadie.

Muchas veces cuando actuamos por impulsos solemos arrepentirnos después de las decisiones tomadas. Nuestra parte animal ha ganado a la racional y hacemos lo que sentimos en lugar de lo que deberíamos hacer.

Nos pasamos la vida intentando domar a nuestro lado irracional y emocional para actuar en base a lo que nos dicta el raciocinio. Debemos hacer lo que se supone que debemos hacer aunque eso vaya en contra de nuestros impulsos. Creo que ya lo escribí en un post anterior; para vivir en sociedad es necesario gobernarnos por lo racional puesto que en caso contrario viviríamos sumidos en el caos. Un intento de ordenar la nada para hacernos la falsa ilusión de que no nos dejamos llevar por la entropía.

Pero, ¿y si nuestro lado emocional y el impulso toma la mejor decisión para nosotros mismos que no el racional? ¿De qué manera podemos saber cuál de las dos partes tiene razón?

Es conocido en medicina que “lo que el cuerpo nos pide” es en realidad lo que nuestro organismo necesita. Como todos sabemos estamos compuestos innumerable número de células, de sistema nervioso, de sistema circulatorio, de impulsos eléctricos que hacen que nuestro cuerpo funcione sin que nosotros como ser demos la orden. El corazón late, los pulmones respiran y el sistema digestivo descompone el alimento y lo transforma en energía, pero no lo hace porque nuestra mente dé la orden, si no que cada pequeña parte de nosotros está programada para realizar su función. Sí, vale, estas funciones están regidas por la parte más primitiva del cerebro, el reptiliano; pero ¿qué rige nuestro cerebro reptiliano?

Básicamente nos mantiene con vida. Si no hemos comido, mandará el impulso del hambre para que busquemos comida; si hace frío y nuestra temperatura baja, mandará el impulso de resguardarnos y entrar en calor. De la misma manera, si detecta que a nuestro organismo le falta algo, éste responderá de manera determinada en función de qué es lo que nos falta. Si estamos bajos de hierro, empezaremos a pensar lo mucho que nos apetece comernos un chuletón sangrante o si estamos bajos de calcio pensaremos en alimentos ricos en calcio. Y da igual que no sepamos qué componentes nos ofrece cada alimento, nuestro cuerpo lo sabe porque ya lo ha experimentado anteriormente. De la misma manera que si nos duele la espalda cambiaremos nuestra postura para que nos duela un poco menos, o si estamos cansados, dormiremos.

Aparentemente, beber agua cuando tenemos sed puede parecer una decisión racional, algo que hemos elucubrado nosotros mismos ‘tengo sed, voy a beber agua’, pero es irracional totalmente. Sin lenguaje también haríamos esta acción. De la misma manera que hacen el resto de animales y seres vivos.

El cuerpo humano es como una gran mecano, una serie de engranajes formado por millones de piezas cada una con una función específica y una gran función general que es que todo ‘rule’, que cada pieza funcione como debe para el cuerpo, la gran máquina, se mantenga con vida y con bienestar.

Entonces me pregunto si cuando nos dejamos llevar por el impulso realmente nuestro cuerpo está respondiendo a lo que necesitamos. ¿Si yo he apartado a la gente que quiero de mí sin haberlo meditado primero, es porque mi ser realmente necesita estar aislado?

Llevo días pensando sobre esto y en mi cabeza hay una guerra que ni la de los bastardos. Mi parte racional me dice que no es lo correcto, que debo estar cerca de las personas que quiero y me quieren, que es lo que debo hacer; pero mi parte irracional me hace actuar de la manera contraria.

Lamentablemente, para las relaciones interpersonales no hay una guía que nos indique cuales son los pasos a seguir ante un problema. No hay verdades ni errores absolutos. Si decides ir por el camino A, obtendrás unos resultados X y si vas por el camino B, los resultados serán Y; pero no hay ningún diccionario ni libro de instrucciones que me definan a qué corresponde realmente la X y la Y. Se trata de ensayo y error, y creo que en este caso hay que dejarse guiar por el lado irracional, que él decida qué camino seguir.