¿Nos gobernamos a nosotros mismos?

Sin haberlo meditado primero, como casi todo lo que hago, he apartado a toda la gente cercana a mí y que quiero, quedándome solamente con mi hermano como persona con la que tengo contacto y a mis perros.

No ha sido algo paulatino; ciertamente no ha ocurrido el mismo día ni la misma semana, pero en un período menor de dos meses el impulso me ha hecho alejarme de todos.

No ha sido planificado ni se me había pasado previamente por la mente a modo de fantasía. Simplemente ha ocurrido y extrañamente no me siento mal por ello, a pesar de que la última de mis intenciones es hacer daño a nadie.

Muchas veces cuando actuamos por impulsos solemos arrepentirnos después de las decisiones tomadas. Nuestra parte animal ha ganado a la racional y hacemos lo que sentimos en lugar de lo que deberíamos hacer.

Nos pasamos la vida intentando domar a nuestro lado irracional y emocional para actuar en base a lo que nos dicta el raciocinio. Debemos hacer lo que se supone que debemos hacer aunque eso vaya en contra de nuestros impulsos. Creo que ya lo escribí en un post anterior; para vivir en sociedad es necesario gobernarnos por lo racional puesto que en caso contrario viviríamos sumidos en el caos. Un intento de ordenar la nada para hacernos la falsa ilusión de que no nos dejamos llevar por la entropía.

Pero, ¿y si nuestro lado emocional y el impulso toma la mejor decisión para nosotros mismos que no el racional? ¿De qué manera podemos saber cuál de las dos partes tiene razón?

Es conocido en medicina que “lo que el cuerpo nos pide” es en realidad lo que nuestro organismo necesita. Como todos sabemos estamos compuestos innumerable número de células, de sistema nervioso, de sistema circulatorio, de impulsos eléctricos que hacen que nuestro cuerpo funcione sin que nosotros como ser demos la orden. El corazón late, los pulmones respiran y el sistema digestivo descompone el alimento y lo transforma en energía, pero no lo hace porque nuestra mente dé la orden, si no que cada pequeña parte de nosotros está programada para realizar su función. Sí, vale, estas funciones están regidas por la parte más primitiva del cerebro, el reptiliano; pero ¿qué rige nuestro cerebro reptiliano?

Básicamente nos mantiene con vida. Si no hemos comido, mandará el impulso del hambre para que busquemos comida; si hace frío y nuestra temperatura baja, mandará el impulso de resguardarnos y entrar en calor. De la misma manera, si detecta que a nuestro organismo le falta algo, éste responderá de manera determinada en función de qué es lo que nos falta. Si estamos bajos de hierro, empezaremos a pensar lo mucho que nos apetece comernos un chuletón sangrante o si estamos bajos de calcio pensaremos en alimentos ricos en calcio. Y da igual que no sepamos qué componentes nos ofrece cada alimento, nuestro cuerpo lo sabe porque ya lo ha experimentado anteriormente. De la misma manera que si nos duele la espalda cambiaremos nuestra postura para que nos duela un poco menos, o si estamos cansados, dormiremos.

Aparentemente, beber agua cuando tenemos sed puede parecer una decisión racional, algo que hemos elucubrado nosotros mismos ‘tengo sed, voy a beber agua’, pero es irracional totalmente. Sin lenguaje también haríamos esta acción. De la misma manera que hacen el resto de animales y seres vivos.

El cuerpo humano es como una gran mecano, una serie de engranajes formado por millones de piezas cada una con una función específica y una gran función general que es que todo ‘rule’, que cada pieza funcione como debe para el cuerpo, la gran máquina, se mantenga con vida y con bienestar.

Entonces me pregunto si cuando nos dejamos llevar por el impulso realmente nuestro cuerpo está respondiendo a lo que necesitamos. ¿Si yo he apartado a la gente que quiero de mí sin haberlo meditado primero, es porque mi ser realmente necesita estar aislado?

Llevo días pensando sobre esto y en mi cabeza hay una guerra que ni la de los bastardos. Mi parte racional me dice que no es lo correcto, que debo estar cerca de las personas que quiero y me quieren, que es lo que debo hacer; pero mi parte irracional me hace actuar de la manera contraria.

Lamentablemente, para las relaciones interpersonales no hay una guía que nos indique cuales son los pasos a seguir ante un problema. No hay verdades ni errores absolutos. Si decides ir por el camino A, obtendrás unos resultados X y si vas por el camino B, los resultados serán Y; pero no hay ningún diccionario ni libro de instrucciones que me definan a qué corresponde realmente la X y la Y. Se trata de ensayo y error, y creo que en este caso hay que dejarse guiar por el lado irracional, que él decida qué camino seguir.

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