Un universo donde sólo hay un tío que está lejos y grita cumplidos

Extraído de la RAE:

 

Melancolía:

       1. f. Tristeza vaga, profunda, sosegada y permanente, nacida de causas físicas o morales, que hace que quien la padece no encuentre gusto ni diversión en nada.

Languidez:

       2. f. Belleza enfermiza.

 

Extraño:

       2. adj. Raro, singular.

       3. adj. Dicho de una persona o de una cosa: Que es ajena a la naturaleza o condición de otra de la cual forma parte. U. t. c. s. Pedro es un extraño en su familia.

       4. adj. Que no tiene parte en algo. Juan permaneció extraño a aquellas maquinaciones.

       5. m. Movimiento súbito, inesperado y sorprendente.

 

Vacío:

       1. adj. Falto de contenido físico o mental.

       4. adj. Hueco, o falto de la solidez correspondiente.

       6. adj. p. us. Vano, sin fruto, malogrado.

       7. adj. p. us. Ocioso, o sin la ocupación o ejercicio que pudiera o debiera tener.

       10. m. Abismo, precipicio o altura considerable.

       12. m. Falta, carencia o ausencia de alguna cosa o persona que se echa demenos.

       13. m. Fís. Espacio carente de materia.

                   caer en el vacío lo que se dice o se propone

                            1. loc. verb. coloq. No tener acogida.

                   de vacío

                           3. loc. adv. Sin haber conseguido lo que se pretendía. Irse, volver de vacío.

Surrealista:

       3. adj. Irracional o absurdo

 

Romanticismo:

      1. m. Movimiento cultural que se desarrolla en Europa desde fines del siglo XVIII y durante la primera mitad del XIX y que, en oposición al Neoclasicismo, exalta la libertad creativa, la fantasía y los sentimientos.

      4. m. Sentimentalidad excesiva.

 

Fascinación:

       1. f. Engaño o alucinación.

       2. f. Atracción irresistible.

 

En mi búsqueda personal por saber quién soy, no dejo de buscar adjetivos que me definan. Después de muchos años auto examinándome mentalmente e intentando ser lo más sincera conmigo misma que me fuese posible, acabo llegando siempre a las mismas conclusiones. Y no sólo eso, si no que además los demás también me acaban definiendo de la misma manera.

Para ellos la definición es mucho más sencilla, simplemente ‘eres rara’.

Durante mucho tiempo era una definición que me molestaba, pues de alguna manera llamar raro a alguien es como apartarlo del grueso de la gente, de lo que opina la mayoría, la que tiene ideas a contracorriente o fuera de lo que los demás si quiera se hubiesen planteado. No formar parte del grupo. Y eso me dolía pues yo sólo quería ser una más. Sin embargo,  nunca he sido capaz de dejar de lado lo que realmente me llena para formar parte de un grupo mayor. Simplemente era y es algo inalcanzable para mí.

Y es algo de lo que realmente me siento orgullosa. No soy capaz de adaptarme a la masa, tengo mi propio pensamiento y mis gustos y no corresponden con la mayoría. Tengo propensión a confrontarme al superior, sea en el ámbito que sea, siempre porque considero que está equivocado y tengo fundamentos en los que basarme, no porque quiera ‘derrocar’ al poder.

Así que cuando alguien me dice ‘es que eres un poco…rara…tienes unos gustos un tanto extraños…’ realmente me alegran el día.

Sí, es posible que tener gustos diferentes me supongan un gran handicap en cuestión de encontrar gente con la que compartirlos, pero tampoco me preocupa demasiado, aunque lo deseo tanto…

De todas formas, disfruto de mi rareza como la que más. Cuando soy capaz de alejarme de la masa y regodearme en lo que me gusta cual cochino en el barro, siento casi una felicidad plena.

De alguna manera, el arte y/o la cultura están presentes en mi cabeza continuamente y es ahí donde busco lo raro. Es ahí donde el alma se me llena y mi coranzoncito se regocija. Y si por casualidades de la vida, sucede algo ‘raro’ en la vida real, entonces me siento más viva que nunca. Es la piedra en el zapato de la que hablaba en un post más antiguo.

Voy a dejar algunos ejemplos.

En cuanto a la música. Me gusta casi todo, pero hay un grupo al que no dejo de volver una y otra vez. Nunca me defrauda lo que escucho, siempre encuentro nuevas lecturas, siempre me transportan a sitios nuevos. Unas muestras de lo que para mí es languidez, melancolía y vacío:

 

 

 

Un ejemplo clarísimo de languidez, extrañeza, surrealismo y fascinación:

 

Una película que vi de adolescente y aunque no la tenía en VHS tuve la suerte de que la echaran por la tele varias veces y la pude ver en repetidas ocasiones. A pesar de que la película quizá no va sobre eso, no podía dejar de llorar mientras la veía, aún sigo sin saber porqué:

El cuervo, ciudad de ángeles

cuervo

 

Un ejemplo de surrealismo, extrañeza, fascinación y melancolía. Me quedo totalmente enganchada al vídeo cuando lo veo:

 

Melancolía, romanticismo:

noche.jpg

 

Hace años, pasé unas vacaciones de verano por la costa brava. Entre otras cosas fuimos un día a Figueres a ver el museo Dalí, que como podrás imaginar querido lector, me encanta. Después de muchas horas envuelta en surrealismo, dimos una vuelta por Cadaqués y pasamos por los alrededores de la casa de Dalí. En un momento dado se hizo el silencio, miré a mi alrededor y no podía creer lo que veía. En realidad, no estaba sucediendo nada, ni vi nada extraño, pero el paisaje que nos rodeaba era extraño. Sin haber salido de la realidad ni a ningún universo paralelo, de pronto nos vimos sumergidos en un cuadro de Dalí. El paisaje que nos rodeaba era exactamente igual a los paisajes que aparecían en sus cuadros, una llanura extensa sin nada en el horizonte, de color marrón claro y algo de verde apagado. Se hizo el silencio y por un momento quedamos completamente desorientados, no había salida en la nada que nos rodeaba.

No recuerdo cómo conseguimos salir de allí. Lo siguiente que recuerdo es estar tumbada en la playa de Roses, con una sensación extraña en el cuerpo. Mi cuerpo estaba en la playa, pero mi mente estaba nublada. Decidí meterme en el agua.

Era por la tarde, ya no era hora de estar en la playa, no hacía demasiado calor pero el agua era agradable. El mar estaba en calma. Yo seguía con mi cabeza en otro sitio. Iba avanzando mar adentro, pero el agua no cubría. En un momento dado me di cuenta de que había una persona hablándome desde hacía rato, pero no era consciente de que me hablaba, había escuchado su voz como quien escucha a la gente hablar estando tú bajo el agua, solo que yo no estaba sumergida, el agua sólo me llegaba hasta la cintura.

Me di la vuelta y había una niña pequeña, de unos 6 o 7 años hablándome directamente. Pero no sabía qué me estaba diciendo. Hablaba en francés. A pesar de que ella vio claramente que no la entendía y mi cara estaba desencajada, no dejó de hablarme. Tenía un tono de voz suave y dulce y era angelical, no correspondía con un niño de su edad, hablaba prácticamente en susurros, muy suave. Tenía una seguridad en sí misma pasmosa. No dejaba de mirarme a los ojos con toda la confianza del mundo, como si me conociera perfectamente. Tenía una leve sonrisa, pero no sarcástica, solo me transmitía paz. Ella siguió hablándome y yo no podía dejar de mirarla, me sentía de piedra, no podía moverme. Entonces, extendió su brazo hacia mí. Tenía el puño cerrado hacia arriba. Dejó de hablar, pero no de mirarme y de sonreír dulcemente. Abrió la mano, y en ella tenía una minúscula caracola.

Era muy pequeña, casi como un grano de arroz, sin embargo era perfecta, armoniosa. Me cogió del brazo, me lo extendió y abrió mi mano. Depositó la caracola en mi palma. Yo seguía inmóvil y no podía dejar de mirar la caracola. Me la acerqué a los ojos para verla mejor, la examiné todo lo que pude. La dejé de nuevo en mi mano y cerré el puño con fuerza. Al levantar la vista la niña había desaparecido.

Emprendí el camino hacia mi toalla, con la caracola en la mano fuertemente cerrada. Me tumbé boca abajo y seguí mirando la caracola, sin entender el significado de nada de lo que estaba sucediendo. En un momento dado, levanté la vista y la niña estaba a unos metros de mí con su madre, me seguía mirando fijamente con aquella sonrisa de quién todo lo sabe y habló en susurros. Siguió hablándome a metros de mí, yo no podía escucharla porque estaba lo suficientemente lejos para no oírla. Cuando acabó de hablar me dedicó otra sonrisa y se dio la vuelta.Yo me quedé mirando la caracola un buen rato, sin saber el significado, sin saber el propósito. Tenía claro que debía llevarme la caracola conmigo, pero finalmente decidí que la caracola debía estar donde pertenece, así que la dejé en la arena y removí la arena para que desapareciera.

Es uno de los momentos más fascinantes que he tenido en la vida. Todo era extraño, todo estaba fuera de lugar, todo era fascinante, captó toda mi atención, en el aire había una sensación extraña, de aparente tranquilidad, en realidad de una tranquilidad incómoda, mucho silencio. Uno de los recuerdos más vivos que tengo.

 

Belleza:

1. f. Cualidad de bello.

1. adj. Que, por la perfección de sus formas, complace a la vista o al oído y, por ext., al espíritu.

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