Bilis

A pesar de que me considero bastante progre en cuanto a las políticas sociales (repartición equitativa y progresiva de impuestos según renta, sanidad pública, educación pública, inversión a déficit en servicios públicos básicos como suministros eléctricos o de agua, transportes públicos e infraestructuras, fomento de energías limpias, etc…) también soy muy liberal en cuanto a economía.

Abogo desde hace ya muchos años, muchos antes de que la crisis ni si quiera se intuyera, de que en el mercado laboral deberíamos tener el despido libre y no remunerado. Cuando lo explicaba en épocas de bonanza económica, la gente aplaudía con las orejas; hoy en día es mejor ni dejarlo entrever porque te tacharían de nazi para arriba cuanto menos. Es tan sencillo… pero parece que nadie hace el esfuerzo de ver más allá de sus narices.

Si quieres fomentar la contratación, el despido debe ser libre y no remunerado, así como las bajas laborales a cargo del estado. Fomentas la competitividad y la eficiencia. Las relaciones laborales serían mucho más sinceras. Nos centraríamos en el trabajo, tanto trabajadores como empresarios, y dejaríamos el calentamiento de silla. No estarías atado, ni trabajador ni empresario. La economía se activa. Con despido libre los salarios se regulan a bien.

¿Bajas maternales? Sí, pero a cuenta del estado y, si quieres igualdad real, el mismo tiempo de baja tanto para madre como para padre e intransferibles. A día de hoy, con la hiperprotección laboral que tiene la mujer, no es de extrañar no sólo que cobren menos, si no que no sean primera opción a la hora de un nuevo contrato. Desde luego, si fuese empresaria no contrataría a mujeres, a pesar de lo políticamente incorrecto de tal afirmación. Hablo poniéndome en el lugar de una pequeña empresa, del empresario de tienda de barrio o pequeño negocio; la gente tiende a situarse mentalmente en una multinacional o empresa que facture más de 500.000 euros anuales, pero me parece poco acorde con la realidad; la mayor parte del trabajo está en las pequeñas empresas.

De hecho, debería haber una política muy liberal con la pequeña empresa y mucho más restrictiva con las grandes empresas, de la misma manera que deberían haber tramos impositivos según renta. Cuanto más grande sea la empresa, más restricciones y proteccionismo de cara al trabajador para asegurar su bienestar, o mejor dicho, prevenir su explotación. Cuanto más pequeña sea la empresa, más liberalidad para fomentar la contratación, y por ende, la expansión del negocio.

No soy empresaria, de hecho sobre el papel podría ser una desventaja dada mi situación laboral actual, pero creo que desde una perspectiva global, estatal, la sociedad sale ganando. Una economía liberal en cuanto a relaciones laborales se refiere es más beneficiosa para la sociedad, siempre que vaya acompañado de unos servicios públicos decentes.

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