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Homenaje a mi bro

Hola,

Hoy quiero hablar de mi hermano. Pero no quiero hablar de él en el sentido de explicar cómo es él, ni su vida; sino de lo que es para mí.

Yo vine al mundo en un momento en el que no se supone que debería haber venido. Mis padres ya eran bastante mayores y mi hermano estaba en plena adolescencia. Aparecí sin avisar y trastoqué todos los planes.

Lo normal respecto a mi hermano, dada la diferencia de edad, sería que él hiciese su vida bastante independientemente de que yo estuviese ahí o no. No es lo mismo que una pareja de hermanos que se llevan muy pocos años el uno con el otro, donde la niñez y adolescencia van casi parejas y aprenden de la vida casi al unísono, donde el mayor puede orientar más o menos al pequeño pero con los errores propios de la inexperiencia vital. Crecen juntos, juegan juntos, aprenden a la vez y se equivocan a la vez.

Cuando dos hermanos tienen tanta diferencia de edad, veo que suele haber un distanciamiento el uno del otro. Sí, son hermanos, pero veo que se tratan más como si fuesen primos muy cercanos, no hay ese lazo tan fuerte como los que se llevan poco tiempo.

He tenido la suerte de que éste no fuese mi caso. Desde el primer momento mi hermano me trató como el hermanito que siempre hubiese querido tener, pero que se retrasó más de la cuenta. Desde que llegué se implicó conmigo, estaba muy pendiente de mí, jugaba conmigo, me cambiaba por propia iniciativa, me enseñaba cosas, me sacaba a pasear, a jugar…

Por supuesto, él hizo su vida; mi llegada no hizo que dejase de hacer otras cosas propias de su edad, cosa que me alegra, pues no era su responsabilidad.

Mis padres siempre han estado ahí, pero toda la vida tuvieron que trabajar mucho para salir adelante y poco tiempo pude pasar con ellos. Me refiero a tiempo de calidad, de que estuviesen por mí, de que jugasen conmigo. Mi hermano suplió esa carencia que mis padres no pudieron darme. Además, la diferencia de edad respecto a mis padres hizo, y sigue haciendo, que las perspectivas del mundo que nos rodea sean diametralmente opuestas. Mi padre nació en el 39, el año que acabó la guerra, yo nací en el 84, ya de lleno en la democracia y sin haber pasado por la famosa transición. Con mi hermano la comunicación era mucho más sencilla, estábamos en la misma onda prácticamente, así que poco a poco, mi hermano se convirtió en mi referente, en mi modelo a seguir, en quien confiar y respetar, en el centro.

Imitaba todo lo que hacía, le copiaba el lenguaje, tanto verbal como no verbal; cosa curiosa porque soy muy consciente de que hoy en día sigo haciéndolo, utilizo sus mismos gestos. Todo lo que él decía para mí era la verdad absoluta. Cualquier opinión, punto de vista, gustos que él tenía, lo absorbía y lo convertía en mío propio. Sus palabras, su ideología, su visión de la vida, salía por mi boca. Si a él le gustaba una canción, a mí me encantaba.

Luego con el tiempo yo fui cogiendo mis propios gustos, pero su influencia en mí seguía intacta. De la misma manera que seguía intacto el referente que para mí era él. Era mi pilar en la vida.

Tengo la suerte de que lo sigue siendo a día de hoy. En los peores momentos él sigue a mi lado, haciendo de soporte, es la muleta que me estabiliza, y si me caigo siempre está ahí para ayudarme a levantarme. Me tranquiliza y me da seguridad. Me hace la vida más sencilla. Me hace reír y sentirme bien. Confío plenamente en él. Es, sin lugar a dudas, la persona más importante en mi vida. Espero que no me falte nunca.

  • ¿A quién quieres más? ¿A mamá o a papá?
  • A mi hermano

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P.D.: Porque los homenajes, hay que hacerlos en vida.